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“Le daré todo el dinero para los indios muertos, pero un rifle para los indios vivos”.

José Vasconcelos to Manuel Gamio, as told by Miguel León Portilla

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de México?

Existen ciertas miradas, usualmente ligadas a proyectos políticos nacionalistas, de lo mexicano como un territorio homogéneo que pertenece a todos los que nacemos con denominación de origen: ¡México es para los mexicanos!

Esta premisa nos lleva a situaciones paradójicas donde las personas que ejercen violencia, actitudes racistas y clasistas hacia personas de pueblos en resistencia son las mismas a quienes se les hincha el pecho de orgullo al hablar de las maravillas de su último viaje a Oaxaca, de la importancia de la preservación de las tradiciones y de cómo muchas de estas deberían permanecer intactas. Pero recordemos las palabras de Charles Rosen, Al error comúnmente aceptado se le llama tradición.

 

 

¿Sentirse muy mexicano es el único requisito para desear que una tradición sea conservada?

Las nomenclaturas que hacen de la producción cultural una extensión del pensamiento colonial —música prehispánica, danza folklórica, etc.— se convierten en un problema cuando queremos hablar, por ejemplo, de música mexicana. 

¿Es posible hablar de una música mexicana sin nublar inmediatamente ciertas cosmogonías?

Las distintas tradiciones sonoras de México no solo son testigo del encuentro entre Europa y África ni se reducen a la conformación de una estructura musical, más allá, implican el conocimiento de un contexto, su historia, su geografía, son una suerte de periódico hecho de canciones en vez de páginas, un archivo en proceso lento de descomposición, tal como el cuerpo humano.

Muchas de estas prácticas sonoras, que cualquiera podría llamar profundamente mexicanas, están entretejidas con fiestas, rituales y con usos de distintas procedencias. Es decir, existe una música que suena y que se reproduce culturalmente pero su función no es la de la música occidental; no gira alrededor del concierto, sino que abre un canal de comunicación con otros espacios de la realidad, incluso consta de funciones bélicas, como es el caso de las Xochiyaoyotl (Guerras floridas) —donde el sonido, la danza y el teatro eran armas de intimidación. Entre otros tantos posibles ejemplos de música de corte ritual se encuentra “La paloma blanca”, utilizada por los Misioneros del temporal o Tiemperos para acercarse a los espíritus de los templos de la montaña, o el Xochipitzahuatl o “Flor Menudita”, canción que a lo largo de Puebla, Hidalgo y Tlaxcala se utiliza principalmente para casamientos y rituales de cambio de estación; de éstas existen, además, variaciones en huapango, banda de alientos, a capella, hip-hop, etc.  

 

 

Hacer que lo anterior embone como una tradición mexicana, algo que identifica a todas las personas que vivimos en México, sería lo mismo que forzar la pieza equivocada de un rompecabezas. Este tipo de rituales no son parte de una identidad homogénea, sin embargo, nos sentimos con el derecho a hablar y a opinar cuando algo deja o no de ser tradicional o mexicano. 

La tradición es aquello capaz de atravesar los poros del presente.

Entonces, lo mexicano es una camisa de fuerza para la multiplicidad de cosmogonías y relieves culturales de la sonósfera, las cuales, paradójicamente, han sido tomadas por el proyecto nacional sin siquiera otorgarles el reconocimiento debido. 

El estado-nación al que nos referimos puede ser México, pero también Perú, Canadá, Estados Unidos de América, etc. y ad libitum.

Siguiendo esta idea, yendo por otra vereda, hablar de música mexicana también implica hablar sobre la historia —la nuestra— de la esclavitud, y aunque hablarlo es un inicio, hace falta mucho por reconocer el valor de las culturas africanas, no solo en el desarrollo de producciones musicales mexicanas, sino en la vida misma del territorio. Si atendemos a los registros de la Inquisición en México, uno de los primeros espacios donde se documenta la música africana, podemos encontrar alusiones directas al Chuchumbé: baile nocturno al que asistían todas las castas coloniales para juntar el ombligo, quizás, unas de las primeras celebraciones de la sensualidad y la vida disoluta del continente, juzgada como dañina por la iglesia gracias al cuestionamiento de las estructuras de poder de la época implícito del baile y la música. Más aún, basta repasar el desarrollo de la música peninsular y novohispana durante siglo XVII para notar que la complejidad rítmica se encuentra presente como producto cultural de clara herencia africana

Como puede observarse, lo mexicano guarda una problemática de corte colonial. El uso y abanderamiento de la música de pueblos en resistencia es justificado con un supuesto “regreso a las raíces comunes”. ¿Cuál es la diferencia entre esto y el robo de diseños textiles para marcas whitexican cool?  

En el intercambio cultural que supone convivir en un territorio heterogéneo, ¿cuáles son las condiciones de esta relación? ¿Cómo se distribuye el poder?

 

Modulación de tema

Con el auge de la llamada música experimental —lo que sea que eso signifique—, la expectativa de lo que se considera raro se encuentra preconcebido.

Asumir que existe consenso acerca de lo experimental resulta ingenuo. Para hablar de un ejercicio de este tipo debe existir conciencia de las particularidades en los grados de experimentación de cada contexto

El ciclo de la música experimental como algo raro ha llegado a un fin. Estamos por atestiguar cómo aquello que alguna vez fuera un laboratorio se transforma en un género musical por sí mismo, con plataformas propias, disqueras internacionales, medianas y pequeñas, y crítica dedicada a pensar las características tecnológicas y formales de su presente. No es poca cosa.

Esto no es un intento por salvar la música experimental de su sedimentación histórica. En todo caso, es un intento por el regreso a una búsqueda constante a través de toda la sonósfera.

Dentro de la música grabada en México, ¿que podría ser considerado raro?

Si pensamos en música grabada antes de la era digital, existen muchas cualidades extramusicales que nos puedan guiar en el camino de la rareza: primeras ediciones; ediciones no comerciales; ediciones firmadas; ediciones que pertenecieron a alguien en especial; la historia de cómo llegó ese disco a las manos de quien lo posee; ediciones caseras; grabaciones inéditas; ediciones sin abrir; ediciones en perfecto estado; obras que no son musicales; entrevistas a personalidades; documentos de personajes olvidados; documentos etnográficos; ediciones importadas, demos hechos a mano…

La tarea de crear una colección que orbite lo raro significa apuntar a las cualidades sonoras de la música, su soporte, sus formas de grabación, los grados de experimentación de su contexto. Es decir, todas las cualidades no necesariamente relacionadas con el sonido mismo, sino con una intención de mercado que lo vuelve un objeto de deseo.

De repente nos encontramos en una encrucijada.

La píldora azul ofrece una colección ética, hacer de la búsqueda una aventura por las diferentes historias de los géneros musicales, sus participantes, sus relaciones afectivas, así como los sonidos que los hace singulares. Identificar la diferencia

La píldora roja te guía por los diferenciadores de mercado, relacionados con la especulación económica.

Ninguna es mejor que la otra. Representan posiciones en un tablero imaginario donde en lugar de fichas hay vinilos.

Por otra parte, parece curioso el hecho de que muchas de las personas abocadas a la experimentación con sonido no se identifican con la identidad hegemónica propuesta por su país de origen. ¿Qué tipo de identidad se construye en una música aparentemente sin identidad?

 

 

Hablamos de una relación a semejanza de la tribu. Grupos de personas en una geografía virtual dispersa, grupos que comparten formas de pensamiento acerca del sonido, tecnologías críticas, materiales, espacios y rituales sin apelar necesariamente a las tradiciones del territorio donde se localizan.

Una vez más, nos encontramos frente a la paradoja de la conformación de la identidad nacional frente a movimientos de contracultura y espacios de recreación total dedicados a la creación de una identidad alterna. Si nuestra sexualidad, nuestras posiciones políticas, nuestra clase social, son elementos que determinan cómo nos relacionamos con el mundo, ¿podríamos hablar de una otra identidad, una rara identidad mexicana?

Jorge Reyes y Grupo TRIBU (Año y autor desconocido). Imagen tomada del FB de Humberto Álvarez

 

Un fenómeno singular, que no ha sido investigado formalmente dentro de los estudios de la música experimental y la contracultura en México, es el llamado etnorock. Este término engloba a grupos como TRIBU y personas como Jorge Reyes, Antonio Zepeda, Luis Perez Ixonextli, Mamá Malinalli, Coyotzin, Principe Azteca, entre otros ejemplos de experimentación singulares que intentan un regreso al imaginario de la cultura náhuatl, principalmente, como una hyperstición identitaria donde, por fin, las culturas en resistencia toman su lugar. Muy parecido a fenómenos de ficción sónica como los de Sun Ra, Parliament, Dr Octagon, entre otras manifestaciones afro-futuristas —ampliamente estudiados por Kodwo Eshun—, el etnorock utiliza tanto sonidos electrónicos emanados de la vanguardia mundial —a la cual Jorge Reyes, antes mencionado, se relaciona de forma cercana: después de viajar a Alemania en pleno albor del krautrock, regresa con una paleta nueva de sonidos electrónicos y sintetizadores— a la vez que objetos sonoros mesoamericanos. Por otro lado, TRIBU sean posiblemente pioneros en incluir grabaciones de campo en su práctica musical, tanto en el procesos de investigación como para la realización de sus composiciones, mientras Antonio Zepeda, de los objetos sonoros pre-conquista debido, quizás, a su formación alrededor del free jazz y la improvisación, siendo compañero de cuarto de las cabezas del grupo Atrás del Cosmos, Ana Ruiz y Henry West.

Discos como Comala de Jorge Reyes, A la Izquierda del Colibrí de Reyes y Antonio Zepeda o Cuauhtémoc Águila Solar: fusión etnorock de TRIBU son proyectos de un futurismo de petates supersónicos y hongos psicodélicos. Proyectos para la escucha por venir. Una escucha sin filtros y sin definición. Un regreso a la magia y a la fe de la polisensorialidad que significa estar en el mundo.

Tercer Mundo/ Tercer Ojo

 

In Necuepaliztli In Aztlan

Se piensa que mientras más nos asemejamos al modelo occidental, más nos acercamos a la verdadera experimentación. Se piensa que en México no ha pasado nada, que seguimos muy mal. Pobrecitos de nosotros.  

Es interesante notar cómo la opinión general no suele reconocer a este tipo de proyectos como algo propio de la experimentación, pues en apariencia tienden a ser considerados demasiado étnicos o autóctonos para estar a la par de la música netamente occidental. Existe una forma de ceguera causada por el manto del racismo sedimentado en el núcleo de nuestra conformación como ser social en México. 

Se hace ingenuo pensar que no existe un aparato económico y político que sostiene el rock como ideología en Europa y Estados Unidos de América. Otra paradoja. Mientras la música sirve de escape la nueva forma de ser de la juventud, a la vez que de nicho de mercado, se suma, al menos en nuestras coordenadas, a manera de motivo para ser desaparecido o cuando menos, rapado y violentado por la policía. (A.C.A.B)

La propuesta de Mexican Rarities es retirar el velo y reconocer el heterogéneo relieve que supone México. No es suficiente con regresar a las raíces, hay que atravesarlas. Quizá, si repensamos las condiciones que todo material independiente editado en México se ha visto obligado a enfrentar en este territorio durante los últimos 70 años, quizá, podamos comprender la importancia de la historiografía del siglo XX y las prácticas culturales del México reciente. 

Para esto, hablar de sonido es quedarse cortos.


Mexican Rarities es un sello discográfico, un archivo y una plataforma de distribución de música encontrada en distintas capas del subsuelo mexicano.

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“Le daré todo el dinero para los indios muertos, pero un rifle para los indios vivos”.

José Vasconcelos to Manuel Gamio, as told by Miguel León Portilla

 

What do we mean by Mexico?

Some approaches, usually related to nationalist agendas, think of Mexican as if it was a homogeneous territory owned by all who are covered by an appellation of origin: Mexico for the Mexicans!

This idea lead us to a paradox where racist, classist attitudes and systematic violence towards cultures in resistance often comes from the same people who sing about their recent visit to Oaxaca, who talk about the capital importance to preserve traditions and how these should keep unconverted. But let’s remember Charles Rosen words, what we call tradition is a mistake commonly accepted.

 

 

To feel really Mexican is the unique requirement to feel the desire of keeping safe a tradition?

Terminology as an extension of colonial thought —prehispanic music, folk music, etc.— turns problematic when we try to discuss, for an instance, about Mexican music.

Is it possible to talk about Mexican music without instantly overshadow any other cosmogony?

The multiple sound traditions of Mexico not only witnessed the meeting between Europe and Africa, nor can be reduced to a merely musical structure, it implies the knowledge of a context, history, geography, it is a sort of journal made by songs and music, an archive getting dissolved in a slow process, as the human body.

Many of such sound practices, which anyone could call deeply Mexican, intertwine with different festivities, rituals and habits. There is music that is played and taught the same way as Occidental music, still, it differs in its purposes. Instead of assuming the concert format as the central idea, its goal is to establish a way of communication with other spaces of reality or even for war purposes, as it is the case of Xochiyaoyotl (flower war) —music as intimidation, as a weapon. As well, for instance, it can be mentioned “La Paloma Blanca”, played by the Misioneros del Temporal or Tiemperos to get close to the spirits of the mountain temples, and the Xochipitzahuatl or “Flor Menudita”, popular song for marriages all around Puebla, Hidalgo and Tlaxcala. In addition, huapango, a capella, hip-hop, banda versions of these two particular songs can be easily found.

 

 

To fit the previous into the conception of Mexican tradition, something that identify all who live in Mexico, is just as try to fit the wrong piece into the wrong puzzle. These kind of rituals are not a piece of a homogeneous identity, despite we all feel we own the right to talk and give opinions when something seems not quite traditional nor Mexican.

Tradition is something that can pierce the pores of the present time.

Therefore, the idea of Mexican means a straightjacket for the multiplicity of cosmogonies and cultures living around the soundsphere, which, again paradoxically, has been appropriate by the mainstream national project without giving any credit.

The nation-state we talk about could be Mexico, and Peru, and Canada, and United States of America, etc., ad libitum.

To talk about Mexican music implies, as well, to talk about the history —our history— of slavery. And even though to mention it it’s a sort of beginning, there is still a long way to actually recognize the value of the contribution of African cultures, not only in the historical development of Mexican cultural products, but Mexico itself. If we look at Mexican Inquisition records, one of the first archives documenting African music, we could find allusions to Chuchumbé: a nocturnal dance celebration which every casta would attend to bunch up belly buttons; perhaps, this documents might be the first in take note of the celebration of sensuality and dissolute life of this continent, judge as harmful by de Catholic Church as a result of the questioning of the power structures implied in the dance and the music. Moreover, a short review of the development of baroque and XVII century Spanish music would suffice to perceive the complexity of rhythms is an evident African heritage.

It can be noticed that Mexican also suggest colonial issues. The appropriation of the music of cultures in resistance justified by a hypothetical “return to our common origin”. What is the difference between this and the design theft committed by cool whitexican clothes brands?

Which are the terms and conditions of the cultural exchange in such a heterogeneous territory? How power is distributed in our relations?

 

 

Modulation

In the wake of experimental music —whatever it means— concepts surrounding rare become preconceived.

Would be innocent to assume there is an exclusive definition about what is experimental. An exercise like this should be aware of the particular notions of experimentalism of the context in question.

The era of experimental music conceived as something rare is over. We are about to witness how a former laboratory become into a music genre by itself, supported by its own platforms, international, medium size and local labels, and its own press and critics thinking about its formal and technological current needs. It is not just anything.

This is not an attempt to save music form its historical sedimentation. It is, as much, an attempt to go back to a constant hunt through the whole soundsphere.

If we think about music recorded in Mexico, which pieces would be considered as rare?

If we think about music recorded before digital era, there are many extramusical characteristics we must keep in mind in order to guide us through our path in rareness: first editions; non-commercial editions; signed editions; editions that once belong to someone in particular; the way an edition arrived at somebody hands; DIY editions; unpublished editions; unwrapped editions; editions in perfect conditions; non-musical work; interviews; archives and forgotten artists; ethnographic documentation; imported editions; handmade…

The task of create a collection around rareness is to point at its sonorous qualities, format, recording techniques, particular notions of the context, every characteristic related to sound as well as to the market values that makes something desirable.

Suddenly, we find ourselves in a crossroad.

Blue pill offers an ethic collection. An adventure quest trough the history of music genres, its protagonists, their emotional relations, as well as the sounds that characterize them. It is to identify the difference.

Red pill guide us though market values, related to speculation.

None is better than the other. Both represent positions in an imaginary chessboard made by records instead of chess pieces.

It is curious to notice the fact that many people involved in sound experimentation doesn’t identify themselves as a part of the hegemonic culture of their place of origin. What kind of identity is created by a music, apparently, without identity?

 

 

We are talking about a tribal relationship. People disperse along a virtual geography, people that share ways of thinking about sound, technology, materials, locations and rituals not necessarily appealing to the traditions of the place they are located.

Once again we found ourselves in a paradox: the construction of cultural identity in contrast to counterculture and spaces devoted to the creation of an alternative identity. If our sexuality, our class, our political position, are elements that determine the way we relate to the world, is it possible to speak of another identity, a Rare Mexican identity?

Jorge Reyes y Grupo TRIBU (Año y autor desconocido). Imagen tomada del FB de Humberto Álvarez

 

There is a particular phenomenon that has not been properly investigated as experimental music and Mexican counterculture: etnorock. This term covers groups as TRIBU and individuals as Jorge Reyes, Antonio Zepeda, Luis Pérez Ixonextli, Mamá Malinalli, Coyotzin, Príncipe Azteca, among others who try to return to the imaginary of the Nahuatl culture as a hyperstitional identity. Something quite similar to some afrofuturist sound fictions like Sun Ra, Parliament or Dr. Octagon —among many other examples widely studied by Kodwo Eshun—, etnorock makes use of electronic sounds emanated from the international music vanguard —something Jorge Reyes is really close to: after visiting Germany during krautrock booming, he came back and brought with him a new palette of electronic sounds and synthesizers— so as Mesoamerican objects. On the other hand, it’s possible to consider TRIBU the first to use field recordings as a part of an investigation as well as an element for music composition; meanwhile, Antonio Zepeda could be considered one of the persons who has fully explore prehispanic objects, due, perhaps, his education involving free jazz and improvisation, and his close roommate relation with Ana Ruíz and Henry West —artists behind Atrás del Cosmos.

Comala by Jorge Reyes, A la Izquierda del Colobrí by Reyes & Antonio Zepeda, or TRIBU’s Cuauhtémoc Águila Solar: fusión etnorock are futurist projects made of supersonic petates and psychedelic mushrooms. Sound projects for the future listening, without filters and definition. A return to magic and sensory faith of the world.

Tercer Mundo/ Tercer Ojo

 

In Necuepaliztli In Aztlan

 

People usually think that the closer we get to an Occidental canon, the closer we are getting to the real experimentation. People think that nothing has ever happen in Mexico, we still doing badly. Poor of us.

It is curious to notice that general appreciation usually don’t recognize projects like the described above as any sort of experimentation, they appear to be too ethnic, too native to be part of the Occidental canon. There is a blindness created by the racism deposited in the core of the Mexican social subject.

It is innocent to assume there is not such political and economic structure that supports rock music as an ideology in places like Europe or the U.S.A. Another paradox. While music is a way of living for the youth, it is a niche, and, at least in these latitudes, a reason to be shaved and abused by police. (A.C.A.B.)

The Mexican Rarities proposal is to unveil the diverse relief of the territory named Mexico. It is not enough to return to the roots, it’s necessary to go through it. Maybe, if we question the conditions that every independent record in Mexico have had to overcome, maybe, we could learn about the value of the Historiography of the XX century Mexico.

In order to do that, to talk just about music is an understatement.


Mexican Rarities es un sello discográfico, un archivo y una plataforma de distribución de música encontrada en distintas capas del subsuelo mexicano.

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Mexican Rarities es un sello discográfico, un archivo y una plataforma de distribución de música encontrada en distintas capas del subsuelo mexicano.

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