SONES Y CHILENAS DE GUERRERO Y OAXACA
FONADAN
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Sello: FONADAN MC-0795 Formato: Vinilo LP Album 12″ 33 1/3 rpm Gatefold Compilation |
País: México Género: Folk World & Country |
Info:
FONADAN
Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana.
MÚSICA DE LAS DANZAS Y BAILES POPULARES DE MÉXICO
MC-0771
SONES Y CHILENAS DE GUERRERO Y OAXACA
VOL. 6
Tercera Edición
Este disco es resultado de los trabajos realizados por el cuerpo de investigadores de FONADAN.
ETNOMUSICOLOGÍA:
MARIO KURI-ALDANA, Coordinador
JOAQUÍN GUZMÁN LUNA
VICENTE MENDOZA R.
COREOGRAFÍA:
LUIS FELIPE OBREGÓN, Coordinador
EVELIA BERISTAIN
DIFUSIÓN:
XOCHITL MEDINA, Coordinadora
DEPTO. AUDIOVISUAL:
RODOLFO VELASCO, Coordinador
ALEJANDRO LORANCA, Fotógrafo
RUBEN PRADO, Técnico de audio
DIRECCIÓN GENERAL:
JOSEFINA LAVALLE
“LA CHILENA”
Por José E. Guerrero
Danza conocida con este nombre, originaria de Sudamérica, en donde la llaman también Zamacueca, zamba, Cueca y Marinera.
Su presencia y recorrido triunfal por las tres Américas, ha dejado huellas imborrables a su paso, constituyendo el acervo folclórico regional de algunos países en donde la forma musical ha tomado carta de naturalización y donde se palpa el alma del pueblo.
Este es el caso de la Chilena en nuestro México; la encontramos rebosante y plena de vida en los Estados de Guerrero y Oaxaca, principalmente en la llamada Costa Chica, como una auténtica floración del rico folclor mexicano.
Siendo muy numerosa la producción de la Chilena y numerosos también los compositores criollos mexicanos de la popular forma, la estudiamos con algunos detalles, aprovechando nuestros trabajos de investigación en diferentes lugares de la Costa Chica.
Como ya lo dijimos, la Chilena es de origen Sudamericano; el folclorista argentino Carlos Vega, al hablar de ella así se expresa: “es danza de la pasión y del afán —intimidad plástica—; ocasión de proclamar la prístina voluntad del amor, para los hombres; compensación de la tendencia refinada, ejercicio de coquetería y ensayo de asentamiento, para las mujeres; argumento pantomímico que sintetiza las angustias de la conquista sinuosa y en que las cosas de soledad se dicen en la alta voz rítmica del cuerpo; preámbulo sin desenlace real; oculto sentido universal y eterno, franqueándose en ambiente de tolerancia o beneplácito. La Zamacueca fue loada y negada, escarnecida y aclamada, rechazada y elegida, adorada y maldita.
SUS NOMBRES:
Como en el segundo cuarto del pasado siglo, la danza se conocía con el nombre de Zamacueca en gran parte de la República Argentina; “no se bailaba en la buena sociedad, sino en reuniones de mucha confianza”, poco a poco se usó menos este vocablo hasta perderse casi por completo, cuando Perú dióle el nombre de Chilena, 1lamándosele por tal motivo Zamacueca Chilena. La influencia de la música de Chile era manifiesta ya en la popular danza, justificando así el nombre de chilena. Fue en Chile en donde la Zamacueca “perdió la cabeza”, pues por aféresis los chilenos suprimieron las dos primeras sílabas, quedando únicamente las dos finales, Cueca, y así se le llamó después. Cuando la Cueca emigró de Chile ya remozada, se le agregó en los países circunvecinos el calificativo geográfico de chilena, como Chilena o Zamacueca de Tucumán, Cueca o Chilena de San Juan, etc.
La zamba, que nada tiene que ver con la zamba del siglo XVI, es de origen peruano y se considera como la antecesora de la Zamacueca; se usaba menos que la Cueca, pero al fin fue absorbida por esta última. Se extendió a la Argentina y a Chile, en donde la Zamacueca tomó su aspecto coreográfico, desapareciendo también su antiguo nombre de Zamba. En cuanto al nombre de Marinera, con el cual se conoce también la danza, se le atribuye al peruano Abelardo Gamarra “El Tunante”, que lo impuse en 1879 cuando mediaron las siguientes circunstancias: el 5 de abril de dicho año, Chile declaró la guerra a Perú; se dieron cuenta entonces los peruanos que su danza nacional, la Cueca, se llamaba Chilena, pero además se conocía con estos otros: tondero, mozamala, resbalosa, baile de tierra sajuriana, pero el nombre más generalizado hasta 1879 fue el de chilena. El sentimiento de patriotería fue aprovechado entonces por Gamarra para que de su motu propio propusiera la palabra Marinera, pues creía impropio mantener en boca del pueblo y en sus momentos de expansión, semejante título de Chilena. Aprovechose también de que por ese entonces, la Marina peruana realizaba actos que llamaban la atención del mundo y por cuanto el balanceo de un barco habla mucho sobre el contoneo y lisura de quien puede y sabe bailar aquel baile. “Marinera le pusimos”, dice el “Tunante”, “y marinera se quedó: por supuesto que para entonces y para que la semilla fructificara, lanzamos no pocas letras picarescas a las que ponían música esos maestros incógnitos que no se sabe donde viven, pero que nos sorprenden con sus músicas deliciosas”.
PAÍSES DONDE SE CULTIVÓ LA CHILENA
La Chilena se conoció en varios países del Sur, con nombres diversos, pero en realidad ha sido la misma: Perú, lugar de origen, Bolivia, Argentina, Ecuador, Paraguay, Uruguay; en otras latitudes está México y aunque en forma pasajera, en el territorio del actual Estado de Sonora, cuando predominaba la fiebre del oro, allá por 1850. Allí se encontraban argentinos, peruanos, mexicanos, norteamericanos, chilenos, etc., los que de vez en vez organizaban tertulias y momentos de esparcimiento, a los acordes de las chilenas.
Tanto los escritores de diferentes nacionalidades como investigadores y viajeros notables, han hecho importantes narraciones acerca de cómo se bailaba y se baila la Chilena, cosa que no hay gran diferencia entre antaño y hogaño. El argentino Joaquín V. González dice: “El indio Panta, tambor de las fiestas religiosas, el indispensable músico de gatos y zamacuecas en los bailes criollos, se pasaba las noches de claro en claro, repicando zapateos y gritando “¡Aro!” para que la niña de pies ligeros y el mozo de espuela Chillona diesen la graciosa media vuelta, revoloteando los pañuelos sobre sus cabezas”. Algún mirón que contempla el baile, suele exclamar entusiasmado: “¡qué piernas para una Cueca!”.
El francés Alfred Ebelot nos hace saber que por allá en 1870 se acostumbraba en Argentina que la Zamacueca se usaba en los velorios de “angelitos”. Al pasar delante del pequeño muerto, dice, algunas de las bailarinas, balanceándose sobre las caderas por el movimiento lascivo que exige la Habanera y la Zamacueca, hacían un signo de la cruz furtivo.
COREOGRAFÍA.—La coreografía básica de la danza, es la misma desde hace 135 años: Consiste en el asedio amoroso del varón, que baila alrededor de su pareja con vueltas y medias vueltas; ambos juegan continuamente su imprescindible pañuelo. En ciertos casos, dichos movimientos se han argumentado cuando se trata de profesionales que lo enseñan, reduciéndose a vuelta y tres medias vueltas, realizando entre cada una de ellos contorneos.
La bailarina lleva en la mano derecha su pañuelo, que agita graciosamente, en tanto que con la izquierda levanta un poco su falda, escapando siempre al asedio de su pareja. El varón lleva su mano izquierda a la cadera, en tanto que con la otra revolotea su pañuelo sobre la cabeza de ella, haciendo al ritmo de la música, filigranas con los pies, tratando de llamarle la atención. La bailarina no hace caso de estos galanteos y, siempre con la vista insistentemente baja, rehuye la persecución. Pero él no se da por vencido, sino que la persigue, le corta la retirada, la importuna, pero siempre se muestra esquiva.
Los movimientos de ambos, son estimulados por las palmadas del público, por la vehemencia del ritmo musical, por los textos del canto, etc. Cuando ella levanta la vista y se encuentra con la mirada de su pareja, se señala el desenlace de esta especie de drama, puesto en acción.
Las melodías de la forma, presentan características fundamentales y lo mismo puede decirse del ritmo a pesar de las variantes que suele tomar de diferentes ambientes geográficos; las diferencias en la velocidad son las mismas, cualquiera que sea el nombre de la pieza.
“LA CHILENA EN MÉXICO”
La forma musical vernácula, propia del Sur de la República, se localiza en la región denominada Costa Chica; la cual se inicia en el Puerto de Acapulco, prolongándose hasta el sureste, que comprende 14 municipios, siendo los principales San Marcos, Cuautepec, Copala, Ayutla, Ometepec y otros. Me refiero aquí a su importancia bajo el punto de vista musical, pues bajo otros aspectos como es el de la producción y economía, son igualmente importantes. Así pues, dentro de sus 500 kilómetros que tiene de litoral el Edo. de Guerrero, casi una tercera parte le corresponde a la Costa Chica, pero ésta se prolonga en el litoral oaxaqueño y llega hasta la bahía de Copalita, colindante con la región istmeña. La Costa Chica Oaxaqueña se divide en dos zonas: la Central y la Meridional. Esta última es la costanera, en donde hicimos también investigaciones, formada por los distritos de Jamiltepec, Juquila y Pochutla.
La Chilena extiende su influencia, como es natural, a otros lugares cercanos a la Costa Chica, como a la llamada Costa Grande, que parte también desde el Puerto de Zihuatanejo; La Costa Grande termina hasta el límite natural con el Estado de Michoacán, formado por el Río Balsas. La producción de la Chilena puede encontrarse en otras ciudades del Estado de Guerrero como en Chilpancingo, Tixtla y Chilapa, pero la producción va perdiendo fuerza a medida que nos acercamos a la periferia de la zona que estudiamos.
La Chilena llegó a nuestras Costas Sureñas, como ya lo dijimos, desde lejanos países y eran verdaderas Zamacuecas del Pacífico Sur; con el andar del tiempo sufrió algunas modificaciones o variantes, principalmente en lo que se refiere a las repeticiones de los versos con su música; las coincidencias fraseológicas unidas al nombre, reafirman la relación entre la producción mexicana y la Sudamericana. Como antecedente musical, puede citarse el fandango español; así pues, la Zamacueca es la continuación americana del fandango iberoamericano; así como sucede con bastante producción popular, su coreografía es también de tipo netamente español, en tanto que la letra es de Hispanoamérica.
La aparición de la Chilena en nuestra Costa Chica, suponemos que fue antes de mediar el siglo XIX; tal deducción la hacemos, teniendo en cuenta las distintas épocas en que la cultivaron los países sudamericanos. Siendo Acapulco el principal puerto mexicano de la Costa del Pacífico, con una magnífica Bahía natural, el comercio marítimo era de futuro porvenir desde que Diego Hurtado de Mendoza lo visitó en 1521, sirviendo a la vez como punto de partida para las exploraciones de los Mares del Sur. El comercio comenzó a efectuarse a partir de 1555 con países del Oriente las “Naos de China” traían diversidad de artículos, que se cambiaban por plata y otros productos mexicanos; a esto se sumaban también las actividades de los navíos provenientes de Filipinas y Sudamérica.
El Profr. Antonio J. Delgado, ilustre maestro guerrerense de enseñanza superior, del que nos ocuparemos más ampliamente al hablar de su obra como compositor, nos proporcionó datos a este respecto. La Chilena, nos dice, es una forma musical de baile y canto aclimatados principalmente en nuestras costas por razón de su origen. Es la Cueca, que de la República de Chile fue traída por los marinos de Acapulco, y posteriormente propagada a lo largo de nuestro litoral en el Pacífico. Nos cuenta también que en cierta ocasión y en tiempos actuales, se celebraban en Tochimpa, pueblecito de la Sierra Norte de Puebla, labores recreativas y culturales. Hasta allá llegó el profesor chileno Luis Enrique Acevedo, que estudiaba la forma en que México realiza la educación campesina; entre los números artísticos se ejecutó una chilena guerrerense que llamó mucho la atención del profesor Acevedo e inclusive lo bailó.
Su opinión fue que nuestra chilena era la Cueca de su patria, trasplantada al solar mexicano.
Se encuentran en ella, sin embargo, nuevos matices y aspectos varios, de acuerdo con el ambiente e idiosincrasia de nuestro pueblo, el cual la fue haciendo poco a poco suya, hasta incorporarla a su acervo de música popular e imprimiéndole el sello muy personal, propio de la música vernácula de México.
Ya con esa propia personalidad, podemos encontrar bastantes chilenas en unos lugares más que en otros; señalamos como principal lugar de producción popular, Ometepec. Son de este lugar las recolecciones más numerosas de sones y chilenas que han hecho los maestros guerrerenses Antonio J. Delgado y Moisés Guevara V.; pero hay también buenos ejecutantes y compositores empíricos que no escriben su música, sino que la reciben la propagan en forma tradicional. Un buen amigo, don David Bracamontes, de Ometepec, nos decía a este respecto, que los sones se los enseñó su padre, que a la vez los aprendió de su abuelo; ahora se ufana de que su hijo, a quien ya lo ha iniciado también en la música, ya los conoce todos.
En la región llamada Mixteca Alta, en la parte costanera guerrerense, poblada por mixtecos y amuzgos, es en donde persiste firmemente la música vernácula, acentuándose más esta circunstancia por la aversión que sienten contra el mestizo.
El compositor popular ometepequense David Bracamontes, tiene un vasto repertorio de sones y chilenas; aquí presentamos algunas de las melodías que nos dictó con su guitarra: “El Arriero” Son.—”Son Apareado”.—El Torito de Fuego”.
EL SON
Vicente T. Mendoza afirma que no es posible fijar con precisión las fechas de ingreso al país de algunos cantos y bailes españoles, tales como el ¡Ay, ay, ay!, o el Pasacalle, Ini menos cuando el pueblo rural de México, en regiones apartadas de la capital, asimiló éstas y otras formas musicales para organizar dentro de sus fiestas lo que se ha conocido desde tiempo inmemorial con el nombre de fandango, o sea reunión de personas en la que hay canto, baile, jolgorio, comida y bebida; lo cierto es que coincidiendo el calor, la animación, la vivacidad y energía de los bailes y cantos con la temporada tórrida de nuestras costas, se encuentra a lo largo de éstas, lo mismo en el litoral del Pacífico, que en el Golfo de México, un género sobreabundante, de carácter lírico y coreográfico, apoyado en fuerte ritmo instrumental, rico en combinaciones de compases, así como en fantasía para intercalar toda clase de literatura, también venida de España, que distinguimos con el nombre de Son. En él intervienen cantos y bailes peninsulares, la tonadilla escénica y los sonecitos regionales de México. Y así encontramos además de los mencionados ¡Ay, ay ay! y Pasacalle, la influencia directa y preponderante de seguidillas, boleras, guajiras, malagueñas y peteneras, estas últimas como herencia del fandango español, considerado en la misma España como origen de multitud de cantos y bailes.
De esta rica combinación de elementos nació el Son, para el cual fue necesario adaptar diversos tipos de orquesta regional a base de arpa grande o chica, guitarras, vihuelas y jaranas, guitarrón y bajo sexto, violines y violones. Así nació la pequeña orquesta yucateca o el grupo que acompaña el huapango, además de otras combinaciones del norte y centro del país. El arpa ocupa un lugar preeminente en Estados como Jalisco, Colima, Michoacán o Guerrero y se le llama al grupo “arpa grande de la costa”. En la actualidad, por la influencia de la ciudad, se han agregado a los grupos llamados mariachi, algunos instrumentos de viento: trombón, trompeta o clarinete.
La principal característica del son es su vigor rítmico, consecuencia de la combinación feliz de compases, principalmente de 6/8, 3/4 y a veces de 5/8. Es un género esencialmente entusiasta, animado y brillante.
Como ya lo hemos señalado, sus elementos primordiales son el canto y el baile. Principia siempre con un trozo instrumental, con frecuencia un fandango; sigue el canto, con diversas formas estróficas o de simple copla, alternando muchas veces con estribillos y con la parte instrumental, en la cual se bailan y ejecutan múltiples mudanzas o se zapatea y realizan floreos, escobillados, trenzados y combinaciones. En medio o al fin del canto, suelen intercalarse exclamaciones familiares a los diversos oficios —arrieros, vaqueros, etc.—, entre ellas está el rejincho asturiano, transformado en México en ¡Uy jai jai! ¡Qué risa me da! También es abundante el uso del ¡Ay le-lo-la! murciano, lanzado a lo agudo, en falsete en los sones huastecos.
Musicalmente hace uso de melodías modales, ya gregorianas, ya andaluzas y aún con oscilaciones árabes, de la misma manera que del modo mayor. Aprovecha la secuencia o progresión melódica, ya ascendente, ya descendente, con triplicaciones del texto literario.
Es esencialmente imitativo, lo mismo en la voz que en los efectos instrumentales o en la coreografía, y en este sentido no se concreta sólo a producir los ruidos de un gallinero o de un ferrocarril, el lenguaje de las aves o de los cuadrúpedos, sino que contrahace el movimiento ambulatorio de los animales, los tics de los individuos y a veces logra verdaderas caricaturas.
El Son representa en la actualidad uno de los géneros musicales más genuinamente mexicanos. Su ritmo, forma, métrica, carácter y estilo, se adaptan a otros géneros musicales de México —canción, mañanitas, danzas ceremoniales—, en los jarabes constituye el núcleo principal, y regionalmente se caracteriza formando grupos; así hay sones michoacanos, guerrerenses, hidalguenses, jarochos, huastecos, etc.
FONADAN, Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana, SEP cultura
La Zamacueca o Chilena, como gran parte de la música criolla de Hispanoamérica, tiene raigambre en el Fandango español tanto en el elemento coreográfico como en el sentido pasional; el fandango como bien sabemos, era una forma popular de la Península y que aquella gente de cultura occidental cultivaba preferentemente. Puede decirse entonces que la Zamacueca es una prolongación del Fandango, con música de carácter ya criollo y en ocasiones con texto tradicional español. En el momento histórico de su aparición, a principios del Siglo XIX constituye una novedad en el ambiente popular del Perú.
En tierras mexicanas, en la Costa Chica oaxaqueña, la Chilena presenta fuerte raigambre en Pinotepa Nacional y en Jamiltepec y va perdiendo poco a poco su fuerza a medida que nos acercamos más al sureste costeño rumbo a Tehuantepec, lugar en donde la música vernácula zapoteca presenta un dique a la expansión de esta forma popular: aunque las culturas mixtecas y zapotecas presentan muchos aspectos de afinidad, cada quien tiene su característica musical; por un lado la población de la Mixteca, Baja que cultiva la chilena que se baila y se canta al igual que la forma popular llamada el Son; y por el otro, la región zapoteca que tiene de común musicalmente hablando el Son, Pero cuya producción vernácula se realiza con música que tiene como modelo la forma llamada la Zandunga.
Por las noches, cuando la luna llena cubre con su luz encantadora la intensidad del mar y los cocoteros de la playa se mecen suavemente con las caricias de la brisa marina, suele oírse el zapateo de una mujer que lleva marcado en el pecho, ¡a quien sea! para animar el bureo y entonces se escuchan los versos de la chilena que nos canta con potente voz el alegre rapsoda, en medio de la misteriosa penumbra de la selva.
Ahora sí que estoy contento
Negra del alma mía,
y tengo mucha alegría
porque ya me está queriendo
negra del alma,
la que a mí no me quería.
(Y aquí es donde se realizan las acciones propias del baile del que ya hicimos mención al hablar de la Cueca en países del Sur. Se planta el hombre frente a la mujer salerosa y comienza la danza sin faltar el pañuelo que, con movimientos graciosos, adorna los movimientos giratorios de la pareja; la acción arrecia gradualmente, la danza toma un carácter de subida vehemencia, los deslizamientos y las piruetas dejan lugar a los gestos apasionados).
Entre el calor de la danza que transmiten los bailadores a los mirones, suele escucharse entre los últimos, frases pintorescas muchas veces de doble sentido, que animan y enardecen a los bailadores.
¡Andele chico; ¡Qué bien te ves así! ¡Entrale sin miedo, chico! ¡Mueve toca! ¡Ahora es bien el pañuelo, morena! ¡Plántate otra vez! ¡Qué bueno! ¡Ahora a ti te ando! ¡Ya te puso la muestra! ¡Entrale! ¡Echatelo, moreno! ¡Síguela! ¡Dale! ¡Vamos a ver! ¡¿Hasta cuando chiquitico?!
Y así, caminando ya de regreso de nuestro viaje de estudio y recordando las caricias doradas del sol y los abrojos de la playa de Minizo, pasamos por última vez a Pinotepa, punto final de un devoto recorrido que nos dió la oportunidad de conocer los frutos de una tierra fecunda, que con sus melodías de sabor colombiano, deja que el cerro de Jicaltepec agigante su vértebra mayor, para divisar de allí el cielo, el mar, la luz de las estrellas cuando canta:
Cada vez que entra el sol
se me figura la muerte;
las noches se me hacen largas
por aquel deseo de verte.
Y pensamos también en el inmenso y sencillo argumento que encierra este baile que al igual que en los países del Sur, se cultiva en la Costa Chica de nuestra patria: “Una tarde cualquiera, rodando el monótono vivir, se encuentran y enfrentan un hombre y una mujer. Le gusta al hombre la dama, y obediente al eterno impulso, inicia la conquista. Ella tiene sus reservas y las expresa: él insiste, y persevera en demostrarle la hondura de su sentir: gradualmente va deponiendo la mujer sus prevenciones y al cabo de dramática alternancia de negaciones y promesas, élla, alcanzada por la pasión del enamorado, da su consentimiento y triunfa la vida”.
“Para desarrollarlo, para hacer comprensibles sus numerosos episodios y sus delicados matices, los danzantes cuentan con estos recursos: los gestos, los ademanes -muy especialmente el de la mano que enarbola y bornea un pañuelo desplegado-, el paso -lánguido, cauteloso, animado, pujante; que puede llegar en el hombre (y por momentos en la mujer) hasta el zapateo-, y los mil itinerarios del contoneo”.
En síntesis, esa es la Chilena.
Prof. José E. Guerrero.
LADO 1
LA IGUANA, SON CHUSCO 3:42 (Cruz Grande, Gro.)
CHILENA OAXAQUEÑA 3:02 (Costa Chica, Oax.)
EL PATO, SON CHUSCO 4:42 (Costa Chica, Oax.)
LAS TORCAZAS, CHILENA 4:00 (Cruz Grande, Gro.)
EL LIMONCITO, SON 0:56 (Pinotepa Nal., Oax.)
LAS ABAJEÑAS, CHILENA (Cruz Grande, Gro.)
LADO 2
SON ZAPATEADO 1:22 (Costa Chica, Oax.)
PINOTEPA, CHILENA 2:26 (Pinotepa Nal. Oax.)
LA CAMISA, JARABE Y SON 3:56 (Tixtla, Gro.)
LA CALANDRIA, SON 15:31 (Tixtla, Gro.)
URSULA, CHILENA 1:55 (Pinotepa Nal., Oax.)
EL ZOPILOTE, SON CHUSCO 4:00 (Cruz Grande Gro.)
PRODUCTOS ESPECIALES CBS
Un Servicio de Discos CBS
MC-0795
HECHO EN MÉXICO POR CBS/COLUMBIA INTERNACIONAL, S. A.
AV. 16 DE SEPTIEMBRE No. 784
NAUCALPAN, MEX.
CBS MARCA REGISTRADA
Lista de canciones:
SONES Y CHILENAS DE GUERRERO Y OAXACA
LADO 1
- A1 La Iguana (Son Chusco) 3:42
Intérprete(s): - A2 Chilena Oaxaqueña 3:02
Intérprete(s): - A3 El Pato (Son Chusco) 4:42
Intérprete(s): - A4 Las Torcazas (Chilena) 4:00
Intérprete(s): - A5 El Limoncito (Son) 0:56
Intérprete(s): - A6 Las Abajeñas (Chilena)
Intérprete(s):
LADO 2
- B1 Son Zapateado 1:22
Intérprete(s): - B2 Pinotepa (Chilena) 2:26
Intérprete(s): - B3 La Camisa (Jarabe Y Son) 3:56
Intérprete(s):
- B4 La Calandria (Son) 15:31
Intérprete(s): - B5 Ursula (Chilena) 1:55
Intérprete(s): - B6 El Zopilote (Son Chusco) 4:00
Intérprete(s):
Créditos:
ETNOMUSICOLOGÍA: Mario Kuri-Aldana, coordinador; Joaquín Guzmán Luna; Vicente Mendoza R.
COREOGRAFÍA: Luis Felipe Obregón, coordinador; Evelia Beristain.
DIFUSIÓN: Xóchitl Medina, coordinadora.
DEPTO. AUDIOVISUAL: Rodolfo Velazco R, Coordinador; Alejandro Loranca, Fotógrafo; Rubén Prado, Técnico de audio.
DIRECCIÓN GENERAL: Josefina Lavalle.
