SONES DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC
FONADAN
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Sello: FONADAN MC-1176 Formato: Vinilo LP Album 12″ 33 1/3 rpm Gatefold Compilation |
País: México Género: Folk World & Country |
Info:
SONES DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC
VOL. 8
FONADAN
Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana.
IXHUATAN
EN EL ISTMO DE TEHUANTEPEC
MÚSICA DE LAS DANZAS Y BAILES POPULARES DE MÉXICO
FONADAN
Grupo de Investigadores:
ETNOMUSICOLOGÍA:
MARIO KURI-ALDANA, Coordinador
JOAQUÍN GUZMÁN LUNA
VICENTE MENDOZA M.
COREOGRAFÍA:
LUIS FELIPE OBREGÓN, Coordinador
EVELIA BERISTAIN
DIFUSIÓN:
XOCHITL MEDINA, Coordinadora
DEPARTAMENTO AUDIOVISUAL:
RODOLFO VELASCO, Coordinador
ALEJANDRO LORANCA, Fotógrafo
RUBEN PRADO, Técnico de audio
TEXTO:
ANDRÉS HENESTROSA
DIRECCIÓN GENERAL:
JOSEFINA LAVALLE
IXHUATAN
EN EL ISTMO DE TEHUANTEPEC
por ANDRÉS HENESTROSA
ASPECTOS HISTÓRICOS Y TRADICIONALES
Ixhuatán es un pueblo trilingüe: se habla español, zapoteco y en algún barrio suyo, el huave. El mayor número de sus pobladores vino de un pueblo que se llama Espinal, muy cerca de Juchitán. Los principales apellidos son espinaleños: Toledo, Castillejos, Delgado, Fuentes. El pueblo se cree que es un pueblo joven, pero creo que no lo es. En el año de 1586 el padre fray Alonso Ponce —lo cuenta en la Relación breve y verdadera del viaje que hizo por México y la América Central— pasó por allá en la semana santa del 1586 y dice que dijo la misa en el pueblo de Ixhuatán (él escribe Izuatlán), que la iglesia era una pequeña construcción de palma, que él como quiera improvisó allí un ara y dijo la misa un jueves santo de abril de 1586, cuando iba rumbo a Chiapas; de modo, pues, que el pueblo no es tan joven como se cree, y lo que ocurre es que tardó mucho en pasar de una mera ranchería que era a ser el pueblo que es ahora.
Es indudable que se refiere a este pueblo, porque dice que pasado el río Ostuta, a unos cuantos metros estaba la pequeña plaza y lo cierto es que la pequeña plaza está a unos cuantos metros del Ostuta.
Ixhuatán quiere decir, según los etimologistas —los autores de toponimias—, lugar de hojas de maíz. En efecto su jeroglífico representa una mazorca invertida. La mazorca está volteada; así, las hojas están hacia arriba, y la mazorca propiamente dicha, está hacia abajo. El nombre en zapoteco, Guidchiyaaza, no corresponde exactamente a la etimología náhuatl, con lo que contradice una ley y es que la etimología náhuatl debe corresponder a la etimología zapoteca y también, a veces, a la etimología huave, en la que Ixhuatán se llama Tilam que quiere decir el río, un río. El nombre zapoteco, Guidchiyaaza, de guidchi, pueblo y yaaza, hoja; sí, pero hoja de papel, no de maíz ni de planta alguna. De modo que allí discrepa, se dispara un mucho la etimología. Los amigos, por jugar con esta palabra yaaza, significando página, dicen que eso indicaba que ahí iba a nacer alguna vez un escritor y que por eso se llamó Guidchiyaaza, lugar de páginas, de libro. Pero esto es meramente una curiosidad del pueblo, y no corresponde a la toponimia, pero se llama en náhuatl Ixhuatán; en zapoteco como ya está dicho: lugar de hojas de maíz y un río o donde hay un río, un agua en huave, Ixhuatán debe tener ahora como unos 7,000 habitantes.
No tuvimos bandas de música por mucho tiempo, ni tuvimos curas ni sacerdotes. Todavía cuando yo era niño, cuando abandoné el pueblo, hace cincuenta años, digamos, una sola vez había fiesta en Ixhuatán: la fiesta de la Virgen de la Candelaria, patrona del lugar. Entonces bajaban los rancheros al pueblo a comprar lo necesario para vivir. Compraban espuelas, sillas, correas, reatas, fustes, gamarras, cabestros: cosas que usaban, pues Ixhuatán es principalmente pueblo de rancheros.
Ixhuatán tuvo fama de no tener analfabetos, como siempre había trabajo constante y regularmente remunerado, los padres podían mandar a sus hijos a la escuela. Durante mucho tiempo fue Ixhuatán un lugar sin analfabetos; no había uno solo: porque había prosperidad, una prosperidad de origen ranchero.
De la fiesta de la Candelaria la gente se aprovechaba para casarse, para bautizar y para confirmar a sus hijos, para peticiones de mano de bodas que debían celebrarse al año siguiente. Ocasión también para los raptos, otro de los procedimientos del matrimonio en el Istmo de Tehuantepec. Porque dos son los procedimientos que conducen al matrimonio; uno es la forma que pudiéramos llamar extranjera, que es por petición de mano, y otra que pudiéramos llamar nativa, que es la del rapto.
Un rapto se anuncia con grandes quemas de cohetes, y se puede saber cuantas doncellas hay en el pueblo, según el número de estallidos de cohetes, aquí uno y allá otro; una noche de sábado —los raptos ocurren generalmente en sábado— puede haber hasta diez doncellas. La señal de que habrá matrimonio, de que todo ha salido satisfactorio, son los cohetes; si no hay esta señal, se devuelve a la muchacha la misma noche, no amanece en la casa donde fue llevada, y se dice viraguela: “amaneció”, de donde viene que amanecer y virginidad se digan con la misma palabra: amanecen en la casa del novio, algún pariente o amigo si son doncellas, si no lo son se las devuelve a la suya. Entonces dicen que “amaneció” fulana de tal. Las mujeres parientes coronadas de flores y con botellas de vino avisan a los padres de la mujer que todo ha sido para bien.
* Versión recogida en cinta magnetofónica.
Las señoras celebran grandes fiestas; la fiesta llamada “del lunes”, en que los hombres no tienen iniciativa, es como una especie de desdén, de repudio de la mujer por el varón. Nosotros los hombres nos convertimos ese día en verdadera comparsa, unos simples elementos decorativos, digámoslo así.
Las bodas van del viernes al domingo, generalmente. El domingo, el padrino entrega la novia al novio y al día siguiente las mujeres festejan a la nueva mujer, que es en la fiesta que se llama lunes. Ese día no interviene ningún hombre, no tiene iniciativa; si se olvida de que ese día es un verdadero objeto, que no significa nada y se adelanta, por ejemplo, a pedir una pieza, se le castiga. Materialmente se le amarra, lo que se llama en zapoteco vicarayaga, es decir, amarrarlo a una silla, a un tronco, y para desatarse tiene que pagar más música, más comida, más alcohol; satisfecho el castigo, la multa, lo desatan las mujeres. Son ellas las que piden a uno la pieza de baile; pero si el hombre se anticipa, lo que no está permitido, se le castiga. Las mujeres beben hasta caerse; las levantan, las entierran con música fúnebre, aparentemente las llevan a sus casas y las dejan dormir unas dos o tres horas; después las despiertan, las bañan y las devuelven a la fiesta.
La fiesta se acaba cuando la novia ya no puede más; cuando ya no hay objeto, cuando ya no hay materia de diversión, cuando la novia se ha rendido, se quedó dormida. Entonces la gente se va; así son las fiestas del lunes.
Pero volvamos a las fiestas del pueblo, a la feria de la Candelaria, la patrona. Es un pueblo muy divertido el de Ixhuatán, muy dado a la risa y a la burla; claro que para ello se valen de los tres idiomas que hablan, el zapoteco, el huave y el español, como ya está dicho. Jugando con los idiomas son gente muy divertida, son gente que vive riéndose, jugando con el vocablo porque como no son dueños de ninguno de los tres idiomas, con todos juegan y se burlan. Por ejemplo, yo podría contarles que un día, hace unos años, cuando había la costumbre de las magnavoces que se instalaban en algún lugar de los pueblos, se pagaba una selección y se lanzaban al aire las noticias: en este momento fulana de tal está celebrando su santo, o tal otra cosa. En esa circunstancia, un guasón del pueblo le dijo al dueño del negocio: aquí hay dos pesos, me va usted a tocar una selección a ver, cual es? preguntó. El señor San Vicente, contestó, Patrón de Juchitán, va a dedicarle una pieza a la Virgen de la Candelaria. Aquí está el texto: “La siguiente selección se la dedica el Santísimo padre señor San Vicente, Patrón de Juchitán, a la Santísima Virgen de la Candelaria, patrona de Ixhuatán. Esperamos que sea de su agrado. Se titula, “La última noche que pasé contigo”.
Son gente de a caballo; corren parejas, a veces, parados sobre la silla. Los caballos son muy corrientes, pero el ranchero busca uno que tenga mejor pelo, lo cuida, lo mejora. Gustan bailarlos por las calles y enfilarlos contra un puesto de frutas o de bebidas, rayarlo cuando está a punto de llevarse de encuentro el puesto y entonces pregunta a la muchacha cuánto vale su puesto. El ranchero lo paga y pide que se reparta entre todos los que están presentes. Esas eran costumbres y todavía lo son en el pueblo de Ixhuatán.
Las velas son unas festividades indígenas anteriores a la conquista, son precortesianas, fueron fiestas agrícolas. Con la conquista se modificaron al ponerse cada pueblo bajo la vocación de un santo; así San Francisco Ixhuatán, que pudo haberse llamado Candelaria Ixhuatán, pero se llama San Francisco Ixhuatán. Las fiestas, las velas son, repito, antiguas festividades indias de origen agrícola. La mejor prueba es que la primera fiesta, la primera vela de Juchitán se llama vela biadchi, que quiere decir vela o fiesta de la ciruela, y esa noche se cosechan efectivamente las primeras ciruelas, que se reparten entre la concurrencia; se lleva a cabo del otro lado del río, en Cheguigu. Con la conquista —insistimos— ya tuvieron otro carácter. Vela viene de velar, de estar despierto. Vela es la candela, es la estearina que hay que prender y velarla hasta que se consuma, y está frente a un santo. Pero antes eran fiestas típicamente indias, típicamente agrícolas. Después hasta la terminología es española; se llaman mayordomías, los socios se llaman diputados. Recuerdo que en La gitanilla de Cervantes se dice que la gitanilla gana una gala porque ha bailado muy bien en una fiesta, y el diputado de la mayordomía le da la mejor. Hicieron, pues, de ellas fiestas mestizas en las que prevalece, claro, la parte indígena porque la religión católica propiamente no la hay. Hay ídolos tras los altares, de modo que detrás de la Candelaria hay un ídolo, detrás de San Vicente hay otro ídolo y la gente que se hinca a rezar en Juchitán e Ixhuatán, reza en zapoteco y reza a su manera; a veces reza en español en voz alta, para que oigan los vecinos que sabe hablar en español, que sabe rezar en español. Cuando se mueren sus deudos lloran en voz alta; el dolor no quita que llore bonito y la gente diga al día siguiente: “qué bonito estuvo el entierro de ayer”; “esa familia llora muy bonito”; “esa familia Morales, esa familia Zárate llora muy bonito”; “los Fuentes lloran muy bonito”. Una mezcla de religiones, de costumbres, de prácticas religiosas; una mayordomía, una vela es una fiesta indígena complicada con las cosas de la misa, los rezos; el regalo de frutas —la “regada”— es una señal de que es una cosa indígena y que es una cosa agrícola. Se regalan las primeras cosechas, se regala ciruela, naranja, chicozapote, lima, manzana; todo se regala al público: una supervivencia del pueblo indígena, pues.
El traje mismo, llamado la enagua de enredo es el más primitivo, se llama en zapoteco bizu direnda, que es como decir enredada.
Ellos, la verdad es que se cubrían hacia abajo, pero no hacia arriba; así vestían las gentes primitivas; en los ídolos lo vemos. De modo que la indumentaria es una cosa occidental: la enagua, el huipil, los refajos, los fustanes, como le llaman o ropa de abajo; todas esas cosas tomadas de la misa, del altar; el bordado de la enagua de las mujeres es un poco el bordado del traje talar del sacerdote, los encajes de la manta que cubre el altar.
De modo que usted puede hacer muy bien un refajo con el lienzo que cubre el altar. Hay muchas maneras de trajes femeninos: el bordado a mano con muchas flores inventadas, flores que no existen en la realidad. Combinan los colores, combinan con gran libertad en la confección de flores, en inventar rosas y flores que nadie vio nunca, que no existen; el traje más sencillo es la enagua de enredo con el huipil, sencillitos. En otro tiempo nadie salía, sobre todo las mujeres ancianas, sin un huipil de cabeza, se tocaban con un huipil como si llevaran sombrero. Los encajes del huipil de cabeza no son más que las golas de Holanda, el traje talar, el traje sacerdotal.
Se compraba la tela que servía para hacer los huipiles, de la que venía de Inglaterra, la muselina; nada más en el Istmo se consumía; en nuestros días ya no se fabrica. Los huipiles se hacen de brocado de shantung, pero sobre todo usan terciopelo. Hay que ver la cantidad de ropa que traen encima, bajo esos calores; pero por nada dejan de ponerse los dos refajos, que no otra prenda; ahora ya usan dos prendas nuevas más, que antes no usaban.
Para las fiestas de la Candelaria los comerciantes llegan desde el mes de noviembre; antes hacían este comercio los árabes y los libaneses; llegaban a vender a Ixhuatán y daban crédito. La gente tenía tiempo para mandarse hacer sus camisas y sus pantalones los hombres, las mujeres sus enaguas y sus huipiles y cuando vendían, venían los hombres del rancho y vendían el ganado, los quesos, las pieles de res, productos de origen agropecuario y pagaban las cuentas. Pero el nativo de Ixhuatán tenía tiempo para mandarse a hacer sus trajes y estrenarlos la noche del 28, la fiesta de La Candelaria. Iban muchas gentes de muchas partes a vender. Chiapanecas que iban a vender sus encurtidos.
DE LAS COSTUMBRES Y MANERA DE SER EN EL ISTMO
Durante las fiestas llegan gentes, muy pocas, pero la gente que llega a Ixhuatán es de Chiapas y de Juchitán. Todas las taberneras, las que venden aguardiente y las que venden comida, son de Juchitán.
Vamos a suponer que en esta mesa están 8 hombres y entonces yo pido una cosa que se llama tanda y toman los 8 y entonces sigue el otro, pide otras 8 botellas. Ahora se toma cerveza; en ninguna parte de México se consume tanta cerveza como en el Istmo de Tehuantepec. En una fiesta de Juchitán cada hombre puede tomarse 70 botellas de cerveza en una fiesta que dure 10 horas.
Las taberneras son generalmente de Juchitán, también las hay de Ixhuatán y de otras partes; de Unión Hidalgo, por ejemplo. La tabernera combina un poco prostitución y negocio. Si las juchitecas confiaran en su marido, si confiaran en un tenedor de libros, no tendrían competencia en materia de comercio, pero ellas no confían en nadie más que en ellas mismas.
Una juchiteca a una fiesta, digamos a Chihuitán, llega a alguna tienda, se quita el collar de oro y le dice al comerciante: “aquí está mi collar, dame 10 cartones de cerveza”; va a otro lugar, se quita el anillo y dice: “aquí está mi anillo, préstame una mesa y cuatro sillas”; va a otro lugar, se quita los aretes y dice “dame un poco de hielo”. Esa mujer vende eso, se divierte y pasada la fiesta desempeña sus cosas, ha ganado dinero y se ha divertido.
Una vez venía yo de Chiapas; en el pueblo de Cabañas subió una muchacha y compró 100 mojarras de $1.00 y las vino vendiendo a bordo a $1.50, $2.00 y $2.50. Cuando llegó a Juchitán tomó otro tren y regresó. Los bultos viajan solos en el Istmo de Tehuantepec, no hay quien los cuide. Los canastos y los cajones vacíos se ponen en el tren y le dicen al conductor: “En tal lugar va a subir mi hija o mi hijo, les dices que son sus trastes y los bajan”. No ha podido Ferrocarriles cobrarles flete.
Los árabes llegaron al Istmo de Tehuantepec hace 80 años no más. Los zapotecos eran comerciantes en su antigüedad y ellos se cruzan mucho porque la mujer del Istmo no tiene inhibiciones sexuales. Un viajero, Brasseur de Bourbourg, dice que son partidarios del mestizaje. Quiere decir que les gusta el extranjero; por eso verá usted que hay jóvenes de ojos azules y pelo negro, mujeres de ojos negros y pelo rubio porque les gustan mucho, les encantan; las mujeres les hacen así una seña y se suben al tren. No tienen inhibiciones sexuales, no tenían prejuicios, ahora posiblemente ya los tengan, pero cuando yo era niño no tenían ninguno.
Cuando en el año de 1866 hubo una batalla, una fracción del ejército francés de la legión extranjera que iba rumbo a Chiapas y Tabasco, al pasar por el Istmo les interceptaron el paso, tuvieron un encuentro y quedaron muchos jóvenes franceses heridos en el campo de batalla. Fueron las mujeres jóvenes a elegir el suyo, el que está menos herido, el que no estaba mortalmente herido se lo llevaron a sus casas, tuvieron hijos con ellos y es de donde vienen estos apellidos Granguilón, Saquiante, Sarrier y algunos de otras razas. Eso me lo contó mi abuela, que tenía 12 años; no pudo elegir el suyo porque era muy chica pero sí asistió, fue testigo de eso.
De la educación se encarga la mujer, de donde viene la leyenda que en el Istmo el hombre no trabaja y es la mujer la que lo hace. No es cierto, desgraciadamente; lo que ocurre es que la mujer es la que está despierta porque el hombre trabaja; si es agricultor es por la noche, por el sol, por el clima; si es cazador, si es pescador, tiene que trabajar en la madrugada y la mujer istmeña que llega a vender el pescado a las 6 de la mañana al mercado es porque el marido ha trabajado toda la noche. Entonces mientras ella está en el mercado el marido duerme, está en su hamaca dormido. Pero no es que la mujer sea la que trabaje o que solamente la mujer trabaje sino que es la que está despierta y maneja la economía, maneja la educación de los hijos; maneja las llaves, mejor dicho. Hay un gran respeto en el Istmo de Tehuantepec por la mujer, hasta el extremo que una niña de 5 años puede sacar a su papá de una cantina y conducirlo a su casa; nosotros cuando llegan nuestras esposas, si estamos en una fiesta nos ponemos de pie y dice: “que ya se vá”, “si, ya me voy, ya nos vamos porque ahí está el fuerte, ya viene por mí y me voy”. Esta es la verdad, pero no es verdad que no trabajemos. El Lic. Vasconcelos llegó a decir que el juchiteco era un ser que al nacer se metía en una hamaca, en espera de una revolución que lo hiciera general.
Juchitán, con 15,000 habitantes, dió para la revolución mexicana 13 generales y 3,000 hombres de la revolución tuvieron fama de ser los soldados más valientes del señor Obregón; que los soldados más valientes de la revolución fueron los juchitecos, ni siquiera podían compararse con ellos los yaquis porque los yaquis procedían por supersticiones. Pero el mismo Obregón decía que: “el juchiteco no corre y cuando corre, corre de Sonora a Juchitán; no hay quien lo pare cuando no quiere pelear”. Don Porfirio cuenta que la primera vez que lo derrotaron fue porque los juchitecos ya no quisieron acompañarlo y aunque él los puso en medio de dos fracciones del ejército apenas hubo un encuentro se fueron y no pelearon.
ASPECTOS MUSICALES
Hay muchas bandas de música; en Ixhuatán antes no había bandas, ahora sí las hay; hay conjuntos, hay marimba y hay orquesta. Ustedes habrán oído una canción que se llama La Ixhuateca, que la canta Oscar Chávez, la letra es mía. Canfield dice que es un arreglo: mentira, se canta como yo la canté la primera vez; ese músico, el autor de la melodía, era del pueblo de Espinal y se llamó Nicéforo Toledo; le decían Chéforo “Villias”, es decir “Nicéforo de Ixhuatán”, ‘, porque ahí compuso la melodía, que no se llamó ni “La Ixhuateca” ni de otra manera sino se llamó “Guetadiadi”. “Sidegueta” es tortilla, “diadi” es plano y “side” es salado: “una tortilla salada”, porque son muy dados a divertirse, a jugar con las cosas y por eso se llamó así la melodía. Yo le he puesto letra y se canta; en el Istmo hay muchas orquestas, muchas bandas; tocan los sones que pasan por sones indígenas y todos son antiguos, son viejas melodías españolas acomodadas a una manera indígena. Lo que es indio es la interpretación, la boca canta que una canción; en boca de indio toda canción es india, en boca de indio toda canción es triste, es la nota que pone el indígena. La Llorona, La Sandunga, La Petenera, La Sanjuanera, La Juanita, La Tortuga, todos esos son viejos sones que se han ido acomodando a alguna manera de ser del indio; se han hecho lánguidos, tristes, melancólicos, pero es lo que pone el indio. Cuando dice que es suya la canción es porque verdaderamente es suya; al interpretarla, al cantarla, al bailarla, la hace suya. Las letras mismas son de origen español, la mejor prueba es que las encontramos en Venezuela, en Argentina, en Costa Rica, porque vinieron con los conquistadores; eso no quita que los poetas nativos también hagan sus letras y hagan su melodía, pero siempre bajo un patrón occidental.
La Martiniana es letra mía sobre un son que pregunté cómo se llamaba y me dijeron que se llamaba Martiniana y yo le puse Martiniana, pero también le dicen Laureana y le dicen Micaela. Estas letras yo las improviso, por eso aceptó la paternidad; porque no soy músico, pero como estoy de fiesta invento las letras y las canto y alguien recoge las letras y las canta después; esa es la razón de la Martiniana y la Ixhuateca, que se llamó originalmente Alfa Ríos y no supe quién le cambió el nombre posteriormente.
POSIBLE EXTINCIÓN DE LAS COSTUMBRES
Es una cosa natural que las costumbres se modifiquen por la presencia extranjera. Puede ser por más facilidad; la “enramada” presupone que hay que ir por la palma, por los horcones, por los otates, buscar mano de obra. Ustedes habrán oído hablar de la Guelaguetza, la palabra misma es una falsificación; Guelaguetza quiere decir “guendaliza”, quiere decir el “hecho de ser parientes”; con la misma palabra se dice vecino, hermano, amigo, paisano, huésped, raza, idioma. La palabra “sea” está cuando uno dice “villasaa zapoteco”, “lisaa” es mi pariente, “lisaanashi” es mi amigo; todo eso es “lisaa”; y “endalisaa”, es el hecho de ser parientes, pero ser parientes es ser también vecinos, paisanos, huéspedes, todo eso junto. Es una forma primitiva de comercio, es decir, yo, que caso hoy a mi hija, tú me das maíz; cuando mañana se case tu hijo yo te doy arroz, o cuando mañana tengas necesidad de hacer una fiesta, mayordomía, yo te regalo palma pero tú antes ya me diste horcones; yo voy con mi mano de obra, con mi pico a hacer los hoyos para el horcón pero tú antes también me ayudaste de esa manera. Esas son formas muy antiguas del comercio: es el trueque.
Mayordomía, yo te regalo palma pero tú antes ya me diste arcones; yo voy con mi mano de obra, con mi pico a hacer los hoyos para el arcón pero tú antes también me ayudaste de esa manera. Esas son formas muy antiguas del comercio: es el trueque.
Todo eso que vemos ahora de Guelaguetza son puras falsificaciones, eso no existe.
En Ixhuatán no van a poner telón, yo creo que van a hacer enramada, la gente va a levantar la enramada. Posiblemente una de las velas se haga con telón, pero la primera fiesta, la noche del 28 y la del 30 es en enramada. Un matrimonio empieza el viernes cuando se para la enramada, si es un matrimonio rico, al día siguiente, sábado se llama “yusanabani”; “yusa” es mamífero o ganado, “nabani” es vivo, es exhibir el plato vivo, aparte de lo que ya está muerto: las gallinas, los cerdos. Pero pueden exhibir 6 ó 7 cerdos en las carretas, un toro adornado con banderas y exhibirlo por el pueblo para que sepan que es lo que se va a consumir en las bodas, claro. Pero eso también se está modificando por influencia exterior.
Va a desaparecer, el idioma va a desaparecer, ya casi no hablamos zapoteco, está muy mezclado; las muchachas, yo las ví ahora que estuve en Oaxaca hace unos 5 días, traen pantalones y huipil, de suerte que todo eso va a desaparecer.
Es fatal, las lenguas indígenas han resistido mucho. Fueron las últimas armas que el indio puso al conquistador; un ejemplo sería esto, no está verificado, es una ocurrencia, es una de las tantas teorías que se arriesgan para explicar: Yo puedo saber, porque lo oigo todos los días, cuando estoy oyendo un zapoteco de Ixhuatán que es el mismo idioma pero tiene una entonación distinta cuando es un zapoteco de Espinal, de Ixtaltepec, de Ixtepec o de Tehuantepec.
Miren ustedes lo que pasa: hay un pueblo que no tiene más que un río de por medio y el idioma es distinto en los dos lugares. Lo que ocurrió fue que el indio dijo: “ya el español, misionero o encomendero o el cura ya saben mi idioma, vamos a cambiarle el tono y tenga que empezarlo a aprender de nuevo”. El idioma como defensa, ahí tienen ustedes Puerto Rico, Filipinas y los chicanos: el empeño del imperio porque acepten la lengua nacional y el empeño del vencido por conservar su idioma; es la última trinchera que tiene contra el opresor. Esto ocurrió con los indios, por eso la gente que no sabe el idioma dice que es distinto, pero no, es el mismo, el mismo del siglo XVI que el de hasta ahora, lo que pasa es que está invadido de voces castellanas, no tanto de voces cuánto de la sintaxis que incluye muchas voces españolas; pero el idioma va a desaparecer.
OTROS ASPECTOS DE LA VIDA DEL ISTMO
El traje del hombre en el Istmo hace tiempo era la camisa blanca con alforzas enfrente y el calzón blanco y sus sombrero que se llama “de 24” porque costaba $ 24.00, se hacían en Francia y nada más se consumían en el Istmo de Tehuantepec, son los de fieltro que uno se pone cuando baila un son. El sombrero tiene la copa alta, redonda y le ponen una tortilla muy pesada para que no se lo lleve el viento. Era el regalo y era el signo de ciudadanía: cuando el joven cumplía 21 años ya era ciudadano y le daban su sombrero, y como costaba $24.00 le llamaban un “sombrero de 24”. Pero yo ya no cumplí los años allá, los cumplí aquí. Yo vine muy niño, venía muy joven a México, bueno… ahora lo soy pero antes lo era más, claro. Ustedes habrán oído hablar que hay en Juchitán, en el Istmo, un matriarcado, que fue un matriarcado;no es exacto porque una de las características del matriarcado es la ignorancia de la paternidad. El hombre duró muchos miles de años para saber que era el papá de sus hijos, él no lo sabía, no lo supo; fue terrible cuando lo descubrió, ¡el susto que se llevó! Entonces empezaron los celos, a vigilar la herencia, a vigilar la pureza de la familia; una serie de cosas, una serie de complicaciones que vinieron porque él no sabía… ¿bonito, verdad?
Los istmeños son personas muy supersticiosas; yo, en cuanto anochece me ando hincando por todas partes. Ese es un pueblo indio de noche, blanco de día. Aquí, cuando cae la noche, de todos los rincones salen las voces de los antiguos muertos de los indios y uno lo puede oír o está pendiente de oírlo; de día somos blancos pero apenas anochece aquí son indios todos, todos los mexicanos. Como dice Nicolás Guillén: “aquí el que más blanco sea, responde, si ya murió”.
El Istmo es de las regiones que más conserva la tradición; hace tiempo oí decir a alguien que ahí parecía que el tiempo se había detenido, que la civilización no había podido penetrar.
Pero no digamos “la civilización” sino una forma de civilización. Los españoles no trajeron la cultura, trajeron una forma de ésta.
El Istmo ha resistido mucho. La zona más vital, más apegada a sus tradiciones, es la zona de Tehuantepec, la del Istmo de Tehuantepec, y sigue siendo. Son los únicos indios que cantan, se ríen y se divierten. No tienen ninguna inhibición; cuando llega el momento de hablar español, una juchiteca se suelta a hablar en español, a lo que salga, pero lo habla. No tiene ningún temor de equivocarse en algo… no pasa nada.
Esa costumbre de bailar mujer con mujer es bonita y hay otra zona en que se baila hombre con hombre. Yo llegué a un pueblo siendo candidato y ví que bailaban hombre con hombre y vino uno y me dijo: “¿señor Henestrosa, bailamos esta pieza?” Yo le dije: “me perdona, ya la tengo comprometida”. Aquí al primer son en una vela se paran dos mujeres a bailar, ellas abren el combate: empiezan el son y dos mujeres empiezan a bailar, es la presencia de la mujer en la sociedad y en la comunidad. Cuando bailan el son bailan separadas, claro, pero son grandes bailarinas de danzones. Por ejemplo, yo tuve una serie de partidarias, unas bailarinas increíbles. Todas tenían nombre de artistas: una era “María Félix”, de las grandes artistas de aquel tiempo; así se llamaban, grandes bailadoras y grandes tomadoras de alcohol.
Los valses oaxaqueños son famosos, inconfundibles y bailan danzones; bailan mazurkas, una gran mazurka es “La Última Palabra”, ustedes la han oído cantar, es del profesor Daniel Pineda. No hay baile de nosotros que no se inicie con un son.
Todos los sones se bailan y el más famoso es el “medio Xhiga”. Es la parte final de la fiesta cuando culmina el matrimonio, cuando ya nadie está en su juicio, ya nadie tiene razón, ya todo mundo ha enloquecido. Cuando están próximos los sacrificios humanos, se rompen todos los trastos y hasta mesas pueden romper, todo lo que encuentran.
Se dice “medio”; como su nombre lo indica, es el “medio real”, es la cooperación; tú das para que la nueva casa se organice, pero cuando se case otro tú tienes que poner otra vez tu medio, devolver el medio que te dieron. Se sientan el novio y la novia, se toca el son, el padrino viene y le pone en la frente a la novia una moneda de oro; la moneda rueda dentro de la jícara y todos los demás lo imitan y van poniendo dinero para que ella pueda hacer su casa. Entonces rompemos todo lo que encontramos, como dijera el maestro Agustín Lara: rompemos el bacará de nuestras tristezas.
“Shiga” y “shincali”; “shincal” es “shicali” en náhuatl, digo en zapoteco “shiga jícara”. “Medio xhiga” quiere decir “6 centavos en la jícara” porque medio real de aquel tiempo, de hace 200 años, era bastante dinero… ahora ya no. Ahora se dan 50, 100, 200, 300, 1,000 pesos, por eso es “xicalpestle”. Se llama en zapoteco “shigueta” y quiere decir “jícara para tortilla”, “donde se guarda la tortilla”, “donde se guarda el pan”.
Entonces hay que emborracharlos, es el último son, allí se acaba la fiesta, entonces se rompe todo porque va a empezar una nueva vida y a comprar de nuevo los trastos. Las mujeres andan escondiendo sus mesas, sus cosas de valor. Y se compran especialmente cantaritos para romper; pero cuando se acaban uno toma lo que encuentra.
Se rompe cuenta olla encuentran.
Los sones istmeños auténticos son lentos y pausados.
Los muchachos lo bailan agitadamente y así no es el son; el son es muy lento, casi se camina, se baila lentamente. Todos tienen zapateado que es donde el son se alegra ligeramente, pero lo demás es muy lento.
Son fieles a la melodía central pero cada uno va por su lado; por eso cuesta trabajo terminar. Si ustedes vieran qué trabajo es terminar; va acabando uno por uno, y cuando los sones se cantan, cuando el cantante canta la última copla, la música lo ayuda porque no llega la voz. Según el estado de entusiasmo es el son, nunca se toca igual dos veces. Por ejemplo, no se puede escribir musicalmente; se escribe la melodía pero no se puede escribir la armonía porque cada uno va improvisando. Así como los danzones tienen una parte que se llama el “montuno”, que es la parte agitada del danzón, los sones tienen el “zapateado”, que es donde ligeramente se agita el bailador, no tanto la mujer sino el hombre. Cuando están tocando, hay una melodía a la que le son fieles, pero cada uno va haciendo sus registros, sus adornos.
Para empezar una fiesta, los tehuanos tocan el jarabe que es el son más largo, más melodioso y más enérgico. Nosotros iniciamos las fiestas con uno que se llama “son ya”; “ya” quiere decir “sencillo”, un simple son.
Con el fandango también se principia: el “fandango tehuano”; lo conocen ustedes, muy largo, muy fuerte. También lo tocan en Juchitán, no tan alegre ni tan agitado ni tan enérgico como el de Tehuantepec. En Tehuantepec ustedes habrán oído que se toca el son “bandaga” y uno que se llama el “gafrazá”: son las nalgadas; en un compás el hombre a la mujer y en otro la mujer al hombre. Antes se hacía con una naranja y se llamaba son “guana, guana”. Es fruta: “guana” es cualquier cosa de origen vegetal que se iba frotando; las tehuanas, que son muy dadas a este tipo de cosas, son felices con esos sones. Allí no hay inhibición, ninguna inhibición.
Para terminar alguna fiesta por lo regular se toca el “Lucero de la Mañana”: ya es en la madrugada: dicen que “maché y astasa”, “va a levantarse la música”, “va a levantarse la fiesta”, tocan el “Lucero de la Mañana”, el lucero flojo le llaman también, porque sale tarde.
Transcripción de la conversación del día 22 de mayo de 1979.
LA LLORONA
LA PETRONA
(SON ISTMEÑO)
Petrona tu eres mi encanto,
Petrona vengo a cantar
todas las flores del campo
Ay Petrona al verte perfumaran.
Eres la linda Petrona
prima hermana de Isabel,
ojitos aceitunados Petrona
color de paño francés.
LA MIGUELEÑA
(SON TRADICIONAL ISTMEÑO)
San Miguel Zimalapa es mi tierra
donde nacen las flores más bellas,
es por eso siempre te canto
linda Migueleña dueña de mi llanto
Si dices que si, preciosa mujer,
en mis brazos siempre te arrullaré.
En el alma te llevo prendida,
linda Migueleña, dueña de mi vida.
Y escuchen la Migueleña,
auténtico son del istmo,
que cantan los corazones
linda migueleña, cuando son de amores.
Si dices que si, preciosa mujer,
en mis brazos siempre te arrullaré.
En el alma te llevo prendida,
linda Migueleña, dueña de mi vida.
LA MARTINIANA
(SON ISTMEÑO)
Niña cuando yo muera
no llores sobre mi tumba,
toca sones alegres mamá,
cántame la sandunga.
No me llores no, No me llores no
porque si lloras, yo peno
en cambio si tú me cantas
yo siempre vivo, yo nunca muero.
Lucero de la mañana
la flor de todos los sones
Canta la Martiniana ¡Ay, mamá!
Que alegra los corazones.
Si quieres que no te olvide,
si quieres que te recuerde,
toca sones alegres,
música que no muere.
Letra de Andrés Henestrosa
SON DE TORTUGA
FONADAN
Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana.
“En el Istmo hay muchas orquestas, muchas bandas; tocan los sones que pasan por sones indígenas, todos antiguos, viejas melodías españolas acomodadas a una manera indígena. Lo que es indio es la interpretación, la boca que canta una canción; en boca de indio toda canción, es india, en boca india toda canción es triste: es la nota que pone el indígena.
La Llorona, La Sandunga, La Petenera, La Sanjuanera, La Juanita, La Tortuga, todos esos son viejos sones que se han ido acomodando a alguna manera de ser del indio, se han hecho lánguidos, tristes, melancólicos; y es eso lo que el indio pone. Cuando dice que es suya la canción es porque verdaderamente es suya, al interpretarla, al cantarla, al bailarla la hace suya. Las letras mismas son de origen español la mejor prueba es que la encontramos en Venezuela, en Argentina, en Costa Rica, porque vinieron con los conquistadores, eso no quita que los poetas nativos también, hagan sus letras y hagan su melodía, pero siempre bajo un patrón occidental”.
ANDRÉS HENESTROSA
LADO A
LA PETRONA 5:10
LA LLORONA 5:35
LA MARTINIANA 6:26
Letra de Andrés Henestrosa
VOZ DE GONZALO PINEDA DE LA CRUZ
Y BANDA SAN VICENTE DE JUCHITÁN, OAX.
LADO B
FANDANGO TEHUANO 5:11
LA MIGUELEÑA 6:30
Autor Cosme Damián Gómez
SON DE LA TORTUGA 5:43
BANDA “SAN VICENTE” DE JUCHITÁN
DIRECTOR: ARISTEO ROBLES
CANTANTE VALENTÍN ROBLES NICOLAS
GRABACIÓN: MARIO KURI Y JOAQUÍN GUZMÁN
HECHO EN MÉXICO POR CBS/COLUMBIA INTERNACIONAL, S. A.
AV. 16 DE SEPTIEMBRE No. 784
NAUCALPAN, MEX.
CBS MARCA REGISTRADA
MC–1176
PRODUCTOS ESPECIALES CBS
Un Servicio de Discos CBS
Lista de canciones:
SONES DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC
LADO 1
- A1 La Petrona 5:10
Intérprete(s): Gonzalo Pineda De La Cruz – voz & Banda San Vicente De Juchitán, Oaxaca.
- A2 La Llorona 5:35
Intérprete(s): Gonzalo Pineda De La Cruz – voz & Banda San Vicente De Juchitán, Oaxaca.
- A3 La Martiniana 6:26
Intérprete(s): Gonzalo Pineda De La Cruz – voz & Banda San Vicente De Juchitán, Oaxaca.
LADO 2
- B1 Fandango Tehuano 5:11
Intérprete(s): Banda “San Vicente” De Juchitán; Aristeo Robles – Director; Valentín Robles Nicolas – Cantante.
- B2 La Migueleña 6:30
Intérprete(s): Banda “San Vicente” De Juchitán; Aristeo Robles – Director; Valentín Robles Nicolas – Cantante.
- B3 Son De La Tortuga 5:43
Intérprete(s): Banda “San Vicente” De Juchitán; Aristeo Robles – Director; Valentín Robles Nicolas – Cantante.
Créditos:
ETNOMUSICOLOGÍA: Mario Kuri-Aldana, coordinador; Joaquín Guzmán Luna; Vicente Mendoza M.
COREOGRAFÍA: Luis Felipe Obregón, coordinador; Evelia Beristain.
DIFUSIÓN: Xóchitl Medina, coordinadora.
DEPARTAMENTO AUDIOVISUAL: Rodolfo Velazco R, Coordinador; Alejandro Loranca, Fotógrafo; Rubén Prado, Técnico de audio.
DIRECCIÓN GENERAL: Josefina Lavalle.
TEXTO: Andrés Henestrosa.
