EL MARIACHI SIN TROMPETA DE LA REGIÓN COCA
FONADAN
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Sello: FONADAN MC-0771 Formato: Vinilo LP Album 12″ 33 1/3 rpm Gatefold Compilation |
País: México Género: Folk World & Country |
Info:
EL MARIACHI SIN TROMPETAS DE LA REGIÓN COCA
FONADAN
Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana.
MC-0771
MÚSICA DE LAS DANZAS Y BAILES POPULARES DE MÉXICO
VOL. 5
Tercera Edición
Este disco es resultado de los trabajos realizados por el cuerpo de investigadores de FONADAN.
ETNOMUSICOLOGÍA:
MARIO KURI-ALDANA, Coordinador
JOAQUÍN GUZMÁN LUNA
VICENTE MENDOZA R.
COREOGRAFÍA:
LUIS FELIPE OBREGÓN, Coordinador
EVELIA BERISTAIN
DIFUSIÓN:
XOCHITL MEDINA, Coordinadora
DEPTO. AUDIOVISUAL:
RODOLFO VELASCO, Coordinador
ALEJANDRO LORANCA, Fotógrafo
RUBEN PRADO, Técnico de audio
DIRECCIÓN GENERAL:
JOSEFINA LAVALLE
EL MARIACHI SIN TROMPETAS
“El mariachi sin trompetas”: sería redundancia al sugerente vocablo; si con ello no quisiéramos recordar a nuestra juventud, que los mariachis antiguos prescindieron de ellas.
Esa música de las tierras Cocas de imprecisa geografía; lugares a veces tan distantes entre sí: Cocula en el centro. País donde se hicieron lenguas los cronistas del andariego Fray Alonso Ponce, allá por el siglo XVI, cuando recibían su visita “Con muchas danzas y bailes, mucha música y enramadas e infinita gente… Salieron a recibir con música de flautas y trompetas”.
Aquellos músicos nativos se proveían de instrumentos en Cintzunza; si no los contrahacían en su casa: “instrumentos hechizos”.
¿Cuándo se depuró el mariachi de tambores y trompetas al refinarse el gusto; sí usaron las últimas? El tambor se confirma en la conocida cuarteta de Cocula, inspirada en la invasión francesa.
“Dicen que por el Naguanchi
no puede pasar ni un “güero”
porque le arrancan el cuero
pa’la caja del mariachi”.
Conocidos el violín, la guitarra y el laúd europeos, los músicos Cocas reprodujeron tales instrumentos afines a su sensibilidad y, creado el guitarrón, nació el redondo núcleo musical del mariachi. No el actual donde las trompetas, desechadas entonces, vuelven triunfantes al maratón ruidoso del mundo moderno.
“Los violines del cerro”, nombra Cocula al infante musical. Lo adopta. Lo consiente cariñosa y, a la escalada de aparatos eléctricos de sonido, casi lo deja morir. Sin embargo, asistimos a su resurgimiento. Ojalá sea para bien.
En Tlajomulco: también tierras Cocas, con mariachis humildes, llegados de Tierra Caliente, o bajados de la sierra con bellos arpones –vi uno colgado muy alto, en “la casa del arpero”, muerto hace mucho tiempo–. Y escuché a mi abuelo decir:
–Había cantadores de valonas, mujeres y hombres, con arpa y sexta; mariachis muy buenos que no gustaban a nuestra sociedad criolla, preferente a las buenas orquestas –¡también de indios Cocas que llegaron a ser excelentes músicos a la europea!–.
Mi entusiasmo escucha en el mariachi, la música de México. Sentimiento que robustece José Rolón, cuando escucha a cien mariacheros reunidos por primera vez, tocando “La negra”, un son entre los dilectos, todavía no en la popularidad, cuya letra entusiasmaba a Salvador Gálvez, “negrita de mis pesares / ojos de papel volando/ a todos diles que sí / pero no les digas cuando”, y el maestro conmovido exclama:
–”Esta es nuestra sinfónica popular Jalisciense y muy Mexicana”.
Al inolvidable acto asistieron Ixca, Chucho Estrada y José Cornejo Franco, en el teatro del Museo del Estado, aquí en Guadalajara, por el año de 1942.
Algunos años antes, en un “pico de gallo” en Cocula, Silvestre Revueltas había exclamado frente al mariachi:
–”Qué buenos son, y ellos como si nada”.
En aquella fiesta grande habían “reforzado” el mariachi con una vihuela, una guitarrilla sexta y, añadido de lujo, el arpón de la sierra.
Siete instrumentos tocando en grupo, ya lo dije una vez, que nunca llegan a molestar el sentido del oído. El grito jubiloso de alguna canción, podría hostigarlo más que juntos cuatro o cinco mariachis.
En el mariachi “sin refuerzos”, los cuatro instrumentos, la voz del violín primero: maestra y guía; la vihuela desbordándose con la canción que también canta el hombre del guitarrón; y el violín segundo: serpentina del primero: los dos rompen alguna cuerda en arrebatos creadores.
Cantan juntos; “una a una”; y coreando la voz principal.
Los músicos del mariachi, cuando tocan y cantan, permanecen hieráticos: sólo la boca y las manos mueven. Si acaso un destello fugaz escapa de los brillantes ojos.
Al concluir el son, y los violines rubricarlo con su final clásico; si los aplauden o halagan, permanecen “como si nada”. Esa actitud, entre los herederos de los Cocas, es delicadeza. Debería nombrarse orgullosa dignidad. Y así fue siempre, aún cuando cine, radio y televisión con sus micrófonos, y la inconsciencia del valor de la expresión artística popular, casi logran disfrazar la dignidad y el pudor de la pobreza, con mímicas importadas y trajes inventados.
¡Un mariachi de Cocula tocando sones viejos! Heriberto García, Edil del H. Ayuntamiento de Guadalajara, por conducto del profesor Mata, nos invitó a escucharlo. Allá fuimos con Pancho Espinosa.
Eran siete los músicos reunidos para ilustrar, con sones viejos, la Mesa Redonda que finalizaría el “Cuarto Ciclo de Conferencias de Información sobre Guadalajara”. Estaban esperando bajo los soportales larguísimos del Palacio Municipal de Cocula, frente a la Parroquia, cuya torre ya no culmina el enorme “botellón de barro colorado” tan sugerente y único.
El señor Presidente Municipal Carlos Ramírez Corona, puso el grupo a nuestra disposición.
En aceptable concierto improvisado: el mariachi, con tres músicos más, nos hizo escuchar sones casi olvidados y otros desconocidos para mí.
Pancho y el profesor Mata, consideramos prudente continuara ensayando, hasta el día de su presentación en Guadalajara.
FONADAN aprobó mi solicitud para que esa música de Cocula no fuera a perderse.
El personal de la oficina correspondiente me interrogó y hube de responder a preguntas de técnicos musicólogos.
Consideramos extraordinario aquel mariachi, por su acervo de sones antiguos que era preciso conservar.
Me resultaba angustioso que tamaño tesoro estuviera sólo en la cabeza de Pancho, y sus compañeros de grupo se afanaran en recordar y el más joven en aprenderlos; pero con suma lentitud. Nada escrito. Ni siquiera la letra. Sólo Pancho con su vihuela acompañándose los complicados giros de los entrecanciones de sones olvidados, en extraño taraleo, apenas comprensible. Así debieron nacer muchas piezas de mariachi, y así las aprenderían los compañeros de grupo.
En la casa del barrio de “la guitarrilla”, encontré sólo cuatro músicos: el clásico número en el mariachi de don Jesús.
“Los refuerzos”, que no llamé, dañaban al grupo: tanto que habían desplazado a don Jesús por “anciano que apenas puede sostener su siglo, y no el guitarrón”. Don Jesús tramonta los noventa años.
Y empezó la sorpresa: tocaron sones de ensayos anteriores que parecían distintos, y otros “nuevos” para mí.
—”Del tiempo de mi maestro don Salvador Flores” —me dijo don Jesús.
El violín primero recrea variaciones entreveradas en la canción.
Macario: sin compañero de refuerzo, él solo, está en su elemento: hace unos minutos sus rudas manos de campesino, desenfundaron, cuidadosas, el viejo violín.
—”Es hechizo; pero muy bien hecho” —me dijo y continuó espontáneo:
—”Como se queda colgado tanto tiempo, ensordece. No suena como siempre; o serán mis dedos los que se vuelven torpes. Ya tiene sus años. Lo compré a la familia de Pancho Alba, cuando fue difunto, y pasé de segundo a primer violín, lugar que él ocupaba. Le había seguido los baños y aprendí muchas variantes y adornos en sones y jarabes”.
Don Jesús Salinas Hernández platica:
—”Toda la vida he tocado el guitarrón. Andaba en mis quince cuando me le pegué a don Salvador Flores, hombre del Saucillo, sabio en música, tocador de todos los instrumentos: hasta del armónico en la Parroquia. Lo procuraban para las mejores tocadas en Cocula y sus alrededores: las haciendas de La Sauceda, Estipac y Santiago. Muchas veces nos contrataron ricos hacendados de lejanas tierras, entre otras, San Cayetano y La Chacona, junto a Tlajomulco, a donde llegaban los mejores mariachis, cuando los que allí había se transformaron en orquestas. Tenían fama sus tapadas de gallos con ricos hasta de Guadalajara. —¿Sería de Cocula el mariachi que se llevó en una paseada mi tío don Manuel al rancho de mis abuelos?, si así fue, tengo la honra de haber bailado entonces, mi primer jarabe con doña Laura, amiga de mi tío: acompañados por un mariachi muy bueno. Los que bajaban de la sierra o subían de la costa, eran cada año más pobres, y sólo tocaban en volantines, peleas de gallos y puestos de muchachas alegres.
Los músicos de las orquestas de Tlajomulco: ¿superaron la pauta indígena? Dejaron de ser “líricos” y, músicos a la europea, fueron famosos en muchas leguas a la redonda. Excepcionales los hermanos Mejía: Máximo y Cheto: también de la raza Coca, tanto que mi padre les regaló un violín y los llevó a Guadalajara. Leyeron a primera vista cuantas partituras les mostraron, y Cheto tocó como el mejor concertista.
—”Lo era” —concluyó mi padre—. Tal hazaña fue a principios de siglo.
Mi juicio se confirma cuando recuerdo la música de los jarabes, en los grandes bailes de las Fiestas Patrias; como si tocaran muchos mariachis juntos, entre la orquesta perfecta, de veinte profesores, hasta con timbaleros. Igual escuchamos ahora: grupos musicales magníficos, cual orquestas o bandas con escondido sabor a mariachi.
Don Jesús prosigue su plática:
—”De que me acuerde, fuimos cuatro los mariachis que siempre tuvo Cocula y sus alrededores. Los dirigíamos Cristóbal Figueroa, Antonio Partida y Leocadio Cabrera. El mío, con Pancho como segundo”. —Lo interrogo por los instrumentos que tocaban los directores.
—”Resulta curioso: todos el guitarrón, hasta yo. Esto porque desde muchacho, mi maestro, don Salvador, me puso a tocarlo”. Cambiando de tema habla de sus músicos:
—”Macario tiene su genio; pero de violín segundo, lo hice primero, y su lugar lo llenó Zenén Ruiz Casillas, de oficio albañil. El muchacho promete; aunque Macario no se muestra muy dispuesto a enseñarle sus mañas para dominar ese violín que parece instrumento secundario, y es complemento del primero, y de todo el mariachi”.
Le pregunto sobre el arpón de aquel lejano “pico de gallo”, ofrecido a Silvestre Revueltas, en casa de la familia Vidrio.
—”Lo recuerdo. Aquí todo se sabe. Era Filomeno Castillo, el único arpón del rumbo. El solo, suficiente para alegrar fiestas, hasta con amanecida; no digamos tocando como invitado. Si la memoria no me falla, fue el mariachi de Leocadio Cabrera el que tocó en aquella fiesta”. —Concluye la presentación de su gente:
—”De Pancho Cisneros ya se lo dije: es mi compañero en el mando; toca la vihuela como usted ve; aunque hace mucho tiempo usábamos todos la sexta: guitarrilla mediana, en lugar de la vihuela. Las dejaron de fabricar en Paracho, donde nos abastecían de instrumentos, cuando no tuvimos aquí quien los hiciera”.
Trajeron violines finos, aunque Macario se halla mejor tocando su viejo violín hechizo —violín hechizado—. Distinto en sonido a los violines clásicos. En este instrumento contrahecho por el pueblo, los dedos rudos sobre las cuerdas; el agresivo arco que las tañe a su manera recia, campesina. Limpios sonidos entreveran rudeza consustancial: plano acorde a la dominante finura. ¡Lo rudo y delicado entretejidos! Forma y esencia del mariachi Coca, escuchado desde niño, sin comprender mi afición a su música.
Las palabras de la canción poco me interesaban entonces: eran las voces humanas extraordinarios instrumentos: fácil contacto para comprender mejor el todo musical.
Los mariachis: desde su creación, hasta cuando irrumpen fonógrafos y sucedáneos cada vez más perfectos, fueron el solaz del pueblo, mirándose al espejo de las canciones donde campea delicadeza hasta en sones procaces por excepción: “La gallina” y “El chilero”, y nunca la canción cayó en el rudo decir de los compositores de impúdico romanticismo. Afortunadamente, el pueblo escarmentado, conserva su pudor.
El mariachi “Cocula Coculán”, se había superado. El último ensayo me satisfizo.
Al siguiente día, Josefina Lavalle y su grupo de trabajo; aún todos de presencia amable, turbaron a “los cuatro”; sin embargo, roto el hielo con el festejado “pico de gallo”, el milagro se hizo:
Macario pasea todo el arco sobre el cordaje de su violín hechizo, y le arranca tonos nunca imaginados.
El nativo instrumento, que hace ocho días aseguró estaba ensordecido, parece de cristal.
Zenén: limpias las manos de cal, no le va en zaga al fogoso violín primero, a quien el suyo, a veces, le habla de tú.
Don Jesús: ¡puesto de pie!, con todo y sus manos sarmentosas, se comporta como en los buenos tiempos, tocando el guitarrón.
Y Pancho: nunca lo hubiera creído: clara la voz, la mano más suelta, parece jugar con el gracioso instrumento.
Toca y canta el mariachi: “los cuatro solos”.
Los violines hasta con desafines corregidos sobre la marcha, no sabría si fueron provocados; silencios en corte de cuchillos dejan tremolando la vihuela; el guitarrón bordonea su bajo profundo y las voces cantan sin melodrama, entonadas y serias en su comunicación.
Escuché de niño el juicio del pueblo sobre los cantores religiosos y los cantantes de romanzas y canciones en teatros y fiestas; “cantan de ópera”, decían entonces.
Los gañanes: concluida su ruda tarea, apostados en alguna de las cuatro esquinas de calles en los extremos del pueblo, cantaban a voz en cuello, voces primeras y segundas, en grito rotundo, alanceando la luna y, larguísimos finales cortados como en una queja. Nunca un falsete, menos algún inoportuno “gallo”.
Así canta Pancho, aunque su voz es mediana, con matices extraños y a veces incomprensibles las palabras; sin embargo: refiere un hecho sucedido en la Hacienda del Limón, el siglo pasado, como si hubiera ocurrido ayer.
“El son de la ensalada”, ¿será el nombre impuesto por los compositores de la letra?: misioneros alegres que, sin empacho, acompañaron a los vaqueros y caporales a capturar un buey alzado al monte. “Así lo mandó el patrón”. Y uno de los padres, montado “en la mula del avío”, con su apodo: “la perra”, “trajinó” junto con todos hasta encontrarlo.
Principia el excepcional son, la voz primera con extraña orden:
—”Échele agua regadores, que se seca la sandía. Échele agua regadores, que se seca la sandía”. —Y contesta el coro con pícaro gusto:
—”Échele agua usté a la suya, que yo regaré la mía. —Échele agua usté a la suya, que yo regaré la mía”. —Y todos fijan la geografía del suceso:
—”En la Hacienda del Limón…” —y el grito pertinaz del guaco hace el ambiente de selva calurosa e intrincada… Pancho y don Jesús cantan en uno como sonsonete o letanía, la historia del rudo bregar de los peones en las haciendas ganaderas del siglo pasado.
El final del son, exitoso, tiene la disculpa extraña de los hermanos padres, en Misiones, que piden “piedad de sus cueros” (Sic). Y una especie de diana de alegría maravillosa.
Este son habla claro de la presencia de un mariachi en aquella región de “La Tierra Caliente”. Y si comprendemos su esencia, lo gozaremos en plenitud, engarzado entre dos alardes de inspiración indígena Coca:
La orden de riego y la diana final.
Y los señores técnicos se engolosinan y trabajan sin descanso. Ya sudan: estamos en mayo, y “los cuatro como si nada”; recuerdo las palabras lejanas de Revueltas.
No disimulamos la sorpresa. Se prolonga la sesión de trabajo. Ninguna cuerda se rompe en este maratón de tocar sones a cual más complicadas sus “entrecanciones”.
En tanto cintas van, cintas vienen.
El “pico de gallo” restaura fuerzas de los ya admirados cuatro, y de nosotros.
Don Jesús tuvo que sentarse, no sin protestar, ante insistencia cariñosa; pero en cuanto debe volver a tañer su original instrumento, como en sus buenos tiempos dice:
—”Con el permiso de usted, señora” —y se pone de pie.
La vaquilla.
La ensalada.
El durazno.
El tecolotillo.
El riflero.
México lucido.
El gato.
El triste.
El enamorado.
El palmero.
Las varitas verdes.
El tejón.
El ausente.
Trece sones ¿número de suerte?, que de ninguna manera analizaré con el escalpelo crítico de los musicólogos: no lo soy, ni la gran mayoría de quienes acaso lean estas líneas, hijas de mi entusiasmo por lo orgullosamente nuestro.
Si es necesario que mis amigos ofrezcan un comprensible relato de lo que es musicalmente “El mariachi sin trompetas”, transcribimos la letra de algunos sones.
Vivamos con tantos músicos, poetas olvidados o anónimos, su mundo de penuria, miseria y hasta de esclavitud, trasmutado a su contagiosa alegría; y difundamos a nuestros hijos, esta música tan profundamente mexicana, que no necesita de incentivos extraños para imponerse.
Doctor Francisco Sánchez Flores.
LADO “A”
EL SON DE LA VAQUILLA
La vaquilla que yo busco
no es pinta ni es colorada
es una vaca barrosa
de las llaves acerradas
ay, pero sí, pero no
le dirás que se fue
pero sí, pero no
le dirás, le diré
Le dirás al caporal
que se venga por el plan
que mancuerne la vaquilla
con el cabresto galán
ay, pero sí, pero no
le dirás que se fue
pero sí, pero no
le dirás, le diré
Vaqueros y caporales e
pongan el sentido alerta
que arriba del ojo de agua
está una vaquilla muerta
ay, pero sí, pero no
le dirás que se fue
pero sí, pero no
le dirás, le diré
Por “ay” viene la vaquilla
por “ay” viene ladereando
un becerro “trai” al pie
y otro que se le anda ahijando
ay, pero sí, pero no
le dirás que se fue
pero sí, pero no
le dirás, le diré.
SON DE LA ENSALADA
Echenle agua regadores
Echenle agua regadores
Que se seca la sandía
Que se seca la sandía
Echele agua usté a la suya
Que yo regaré la mía
Echele agua usté a la suya
Que yo regaré la mía
En la hacienda del Limón
Se ha ofrecido una aventada
Con toda la vaquerada
Se fueron para el Limón
En esta cierta ocasión
Un buey conejo seguía
Con empeño lo corrían
Porque el amo lo dispuso
El caporal les propuso
Que ese buey sí se agarraba
Un fandango les formaba
con tres botellas de vino
El beber no les convino
Porque ha quedado muy mal
Allá viene el caporal
En un caballo barroso
Bonito grande y hermoso
Que hasta chispas despedía
Esto les sirva de guía
Por ser dueño de la tierra
Contreras como una perra
También se obligó ayudar
A medio de la carrera
La perra quiso orinar
Fácil es para alcanzar
Ensillaba la tordilla
Firme pues como aguililla
En la mula del avío
La agarró con tanto brío
Todo el cerro trajinaba
Toda la comarca andaba
En alcance de ese buey
Arreglados a la ley
Que el caporal les mandaba
El buey descuidado estaba
Cuando al punto le cayeron
Es vergüenza entre vaqueros
El que un animal se vaya
Ha llegado hasta la raya
Sus ganas eran muy buenas
Todos agarraron cola
Como a modo de arguenenas
Esta ensalada es compuesta
Por todos los misioneros
Vaqueros y caporales
Tengan piedad de sus cueros
En la hacienda del Limón.
EL DURAZNO
Los higos y los duraznos
En el árbol se maduran
Los ojitos que se quieren
Desde lejos se saludan
Me he de comer un durazno
De los árboles de Puebla
Me he de salir con mi idea
Aunque a mi tierra no vuelva
Me he de comer un durazno
Desde la raíz hasta el hueso
No le hace que sea trigueña
Será mi gusto y por eso
Los sauces en la alameda
Se mecen con el airón
Así se mecen los celos
Dentro de mi corazón
Los sauces entre los pinos
Se mecen entristecidos
Pos no nos queríamos tanto
Por qué nos aborrecimos
Mañana me voy mañana
Allá en Santa Ana te espero
Allá en los cañaverales
Oirás cantar los jilgueros.
SON DEL TECOLOTILLO
Pájaro tecolotillo
pájaro madrugador
le llevarás una carta
a la dueña de mi amor
ticuruy cuy cuy
ticuruy cuy cuy
pájaro tecolotillo
pájaro madrugador
le llevarás una carta
a la dueña de mi amor
Estaba un tecolotillo
en una rama cantando
le respondió el armadillo
en la concha me estás dando
ticuruy cuy cuy
ticuruy cuy cuy
le respondió el armadillo
en la concha me estás dando
si yo fuera tecolote
no me ocuparía en volar
estuviera en mi nidito
acabándome de criar
ticuruy cuy cuy
ticuruy cuy cuy
si yo fuera tecolote
no me ocuparía en volar
estuviera en mi nidito
acabándome de criar.
EL RIFLERO
Señora yo soy riflero
mi vida
Que hora acabo de llegar
Traigo mi rifle terciado
mi vida
Cansado de caminar
Señora yo soy riflero
mi vida
Que al puente vengo llegando
Componiendo mis guaraches
mi vida
Para seguir caminando
Tú eres la que me decías
mi vida
que primero ibas a ver
las estrellas por el suelo
mi vida
Que dejarme de querer
Tú eres la que me decías
mi vida
Con el alma me adorabas
A todas horas del día
mi vida
Cuando me “vías” me llorabas.
MÉXICO LUCIDO
—Música para “El Caballito”—
Dicen que siempre te vas
para México lucido
no lloro porque te vas
lloro porque no te has ido
Mañana me voy
tú también te vas
“ay” por el camino
me la pagarás
De tierras abajo vengo
llegando tienda por tienda
y no he podido encontrar
mujer que cariño tenga
Mañana me voy
tú también te vas
“ay” por el camino
me la pagarás
Dices que me quieres mucho
no me subas tan arriba
que las hojas en el árbol
no duran toda la vida
Mañana me voy
tú también te vas
“ay” por el camino
me la pagarás.
LADO “B”
SON DEL GATO
Andale gato
Brincale gato
Que ya se te fue el ratón
Yo tenía mi gato verde
mi vida
sentado en una pader
miau miau miau
Por agarrar una rata
mi vida
agarró un saltapader
miau miau miau
Ay, que caramba gato
y no halla que hacer
miau miau miau
por agarrar una rata
agarró un saltapader
Quisiera ser gato blanco
para entrar por tu ventana
para estarte acariciando
toditita la semana
Quisiera ser gato blanco
para entrar por tu vidriera
para estarte acariciando
antes de que amaneciera.
EL TRISTE
Este es el celo
que yo padezco
Échame tus brazos
mi alma güerita
Si acaso yo los merezco
Ay si si si
Eso no tiene que ver
Ay no no no
lloro por esa mujer
Cuán triste estoy
porque te vas
“ay” por el camino mi vida
Me la pagarás
ay si si si
eso no tiene que ver
ay no no no
lloro por esa mujer
Cuán triste estoy
No hallo qué hacer
borracho perdido, mi vida
por esa mujer
ay si si si
Eso no tiene que ver
ay no no no
lloro por esa mujer.
EL ENAMORADO
Chinita por tus amores
Preso me lleva la ronda
No tengas cuidado mi alma, güerita,
Que ya tengo quien me esconda
Ay ay ay ay
Si no me quieres me enojo
Mira que tormenta viene, güerita,
Si no me tapas me mojo..
Chinita por tus amores
la ronda me lleva preso
no tengas cuidado mi alma, güerita,
que nadie se ha muerto de esc
Ay ay ay ay
Si no me quieres me enojo
Mira que tormenta viene, güerita,
Si no me tapas me mojo..
EL PALMERO
Palmero sube a la palma
Y vela descogollando
Para hacerte tu sombrero
De los que se andan usando
Palmero sube a la palma…
Una urraca en un palmar
Estaba pelando un coco,
En el canto le decía
Sosiégate y no seas loco
Una urraca en un palmar…
Los pericos en Colima
Se devisan en las palmas,
Así me deviso yo
Cuando me hechas tus brazos, mi alma
Los pericos en Colima…
EL SON DE LAS VARITAS VERDES
Cuánta varita, varita verde
Cuánta varita por la lomita
Ay que amor tan engridor
El de las muchachas bonitas
Cuánta varita, varita verde…
Cuánta varita, varita verde
Cuánta varita por la bajada
Ay que amor tan engridor
el de las mujeres casadas
Cuánta varita, varita verde…
Cuánta varita, varita verde
Cuánta varita por las laderas
Ay que amor tan engridor
el de las mujeres solteras
Cuánta varita, varita verde…
Cuánta varita, varita verde
Cuánta varita por todo el río
No dejes amor pendiente
Como dejastes al mío
Cuánta varita, varita verde..
SON DEL TEJÓN
No te arrimes al barranco
Se redumba el paderón,
No te arrimes al barranco
Se redumba el paderón.
Este sonecito mi alma
Le nombramos el tejón.
Salta pa’rriba salta pa’bajo
Ya te quedastes en un atajo
Si buscaras al tejón
Búscalo por los arroyos,
No lo busques en las casas
Que no es gallina con pollos.
Salta pa’rriba salta pa’bajo
Ya te quedastes en un atajo
No te sientes en el banco
Ese banco tiene cera,
Yo no siento la pegada
Sólo la despegadera.
Salta pa’rriba salta pa’bajo
Ya te quedastes en un atajo
EL SON DEL AUSENTE
Ya se va el ausente
Ya se va llorando
Porque su chinita
Lo andaba cambiando
Ya se va el ausente
Ya se va “ay” se va
Pobre del ausente
Cuando volverá
Ayer me dijiste
Que me habías de amar
Ay no me consueles
Déjame llorar
Ya se va el ausente
Ya se va “ay” se va
Pobre del ausente
Cuando volverá
MÉXICO LUCIDO
EL RIFLERO
FONADAN, Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana, SEP cultura
DIRECCIÓN GENERAL:
JOSEFINA LAVALLE
“EL MARIACHI SIN TROMPETAS DE LA REGIÓN COCA”
Mi entusiasmo escucha en el mariachi, la música de México. Sentimiento que robustece José Rolón, cuando escucha a cien mariacheros reunidos por primera vez, tocando “La negra”, un son entre los dilectos, todavía no en la popularidad, cuya letra entusiasmaba a Salvador Gálvez, “negrita de mis pesares / ojos de papel volando / a todos diles que sí / pero no les digas cuando”, y el maestro conmovido exclama:
—- “Esta es nuestra sinfónica popular Jalisciense y muy Mexicana”. Al inolvidable acto asistieron ixca, Chucho Estrada y José Cornejo Franco, en el teatro del Museo del Estado, aquí en Guadalajara, por el año de 1942.
Algunos años antes, en un “pico de Gallo” en Cocula, Silvestre Revueltas había exclamado frente al mariachi:
— “Qué buenos son, y ellos como si nada”.
En aquella fiesta grande habían “reforzado” el mariachi con una vihuela, una guitarrilla sexta y, añadido de lujo, el arpón de la sierra.
Siete instrumentos tocando en grupo, ya lo dije una vez, que nunca llegan a molestar el sentido del oído. El grito jubiloso de alguna canción, podría hostigarlo más que juntos cuatro o cinco mariachis.
En el mariachi “sin refuerzos”, los cuatro instrumentos, la voz del violín primero: maestra y guía; la vihuela desbordándose con la canción que también canta el hombre del guitarrón; y el violín segundo: serpentina del primero: los dos rompen alguna cuerda en arrebatos creadores.
Cantan juntos; “una a una”; y coreando la voz principal.
Los músicos del mariachi, cuando tocan y cantan, permanecen hieráticos: sólo la boca y las manos mueven. Si acaso un destello fugaz escapa de los brillantes ojos.
Al concluir el son, y los violines rubricarlo con su final clásico; si los aplauden o halagan, permanecen “como si nada”. Esa actitud, entre los herederos de los Cocas, es delicadeza. Debería nombrarse orgullosa dignidad. Y así fue siempre, aún cuando cine, radio y televisión con sus micrófonos, y la inconsciencia del valor de la expresión artística popular, casi logran disfrazar la dignidad y el pudor de la pobreza, con mímicas importadas y trajes inventados.
¡Un mariachi de Cocula tocando sones viejos!.
Dr. Francisco Sánchez Flores
Lado “A”
1).- LA VAQUILLA VIEJA
2).- LA ENSALADA
3).- EL DURAZNO
4).- EL TECOLOTILLO
5).- EL RIFLERO
6).- EL MEXICO LÚCIDO O EL CABALLITO
Lado “B”
1).- EL GATO
2).- EL TRISTE
3).- EL ENAMORADO
4).- EL PALMERO
5).- LAS VARITAS VERDES
6).- EL TEJÓN
7).- EL AUSENTE
INCLUYE FOLLETO EXPLICATIVO
Derechos registrados conforme a la ley.
Prohibida su reproducción total o parcial
HECHO EN MÉXICO POR CBS/COLUMBIA INTERNACIONAL, S. A.
AV. 16 DE SEPTIEMBRE No. 784
NAUCALPAN, MEX.
CBS MARCA REGISTRADA
FONADAN
Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana.
Morena 215 – Tel. 536-03-98
Col. del Valle C.P. 03100
México, D. F.
PRODUCTOS ESPECIALES CBS
Un Servicio de Discos CBS
MC-0771
Lista de canciones:
EL MARIACHI SIN TROMPETA DE LA REGIÓN COCA
LADO 1
- A1 La Vaquilla Vieja
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- A2 La Ensalada
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- A3 El Durazno
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- A4 El Tecolotillo
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- A5 El Riflero
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- A6 El Mexico Lúcido O El Caballito
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
LADO 2
- B1 El Gato
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- B2 El Triste
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- B3 El Enamorado
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- B4 El Palmero
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- B5 Las Varitas Verdes
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- B6 El Tejón
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
- B7 El Ausente
Intérprete(s): El Mariachi Sin Trompetas de la Región Coca
Créditos:
ETNOMUSICOLOGÍA: Mario Kuri-Aldana, coordinador; Joaquín Guzmán Luna; Vicente Mendoza R.
COREOGRAFÍA: Luis Felipe Obregón, coordinador; Evelia Beristain.
DIFUSIÓN: Xóchitl Medina, coordinadora.
DEPTO. AUDIOVISUAL: Rodolfo Velazco R, Coordinador; Alejandro Loranca, Fotógrafo; Rubén Prado, Técnico de audio.
DIRECCIÓN GENERAL: Josefina Lavalle.
