Bailes y danzas de carnaval — Volumen II
FONADAN
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Sello: FONADAN MC-0590 Formato: Vinilo LP Album 12″ 33 1/3 rpm Gatefold Compilation Publicado: 1972 |
País: México Género: Folk World & Country Latin |
Info:
Bailes y danzas de carnaval — Volumen II
Serie: Música de las danzas y bailes populares de México
Institución: Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana (FONADAN)
Número de catálogo: MC-0721
Formato: LP de vinilo
Fabricación: CBS/Columbia Internacional, S. A., Naucalpan, Estado de México.
Bailes y danzas de carnaval, Volumen II reúne registros musicales y documentación sobre los chinelos de Tepoztlán, Morelos, y las cuadrillas de Los Reyes La Paz, Estado de México, y San Juan Totolac, Tlaxcala. El libreto original analiza los antecedentes, el vestuario, los instrumentos, la coreografía y las transformaciones históricas de estas prácticas, e incluye fotografías y ejemplos de notación musical.
Los chinelos de Tepoztlán
Antecedentes
Aparte de comentarios puramente descriptivos y de una documentación fotográfica bastante abundante, en publicaciones periódicas no se ha escrito nada sobre los “Chinelos”. No hay ningún estudio sobre su historia. Hay una versión tradicional que dice que esta danza, que también se llama “El brinco de los Chinelos”, se originó en el pueblo de Tlayacapan, en el Estado de Morelos, en el año de 1872 y que fue perfeccionada en Tepoztlán, en el mismo Estado. Aunque esta afirmación tiene muchos visos de ser esencialmente correcta, no hay prueba fehaciente de ella.
Contrastando con su coreografía, que es tan simple que podríamos llamarla un sencillo desfile circular ligeramente bailado, su vestimenta es una de las más extraordinarias por su riqueza y colorido. El traje de aspecto talar, la máscara obviamente de moro y el enorme tocado, también obviamente derivado de un turbante, nos hacen pensar, obligadamente, que estamos en presencia de una danza de “Moros y Cristianos” en la que, por alguna razón obscura para nosotros, los Cristianos fueron suprimidos. Con la falta de éstos, desapareció el elemento de lucha y la coreografía se convirtió en el sencillo desfile que mencionamos al principio del párrafo.
Las danzas de Moros y Cristianos que ya se bailaban, no sólo en España, sino en otras partes de Europa, fueron traídas muy pronto a América por los conquistadores. Eran bailadas en las ceremonias religiosas, para recordar a los fieles una de las más grandes luchas que la iglesia cristiana había tenido que sostener para conseguir la supervivencia. A los españoles, en particular, les había tocado vivirla muy personalmente, ya que su país había permanecido siete siglos bajo la dominación musulmana.
El mayor misterio conectado con esta danza es el propio nombre “Chinelos”. No existe explicación, ni siquiera de tipo tradicional, para este nombre; no se le ha incluido en ninguno de los diccionarios de mexicanismos, ni siquiera en el gran volumen reciente de Santa María. El único lugar en que se la menciona es el Diccionario Rural de México de Leovigildo Islas Escárcega y solamente dice: “Baile indígena, usual en algunos lugares de Morelos, durante el Carnaval”.
Por ello es que durante el período colonial estas danzas, de Moros y Cristianos, eran de las más importantes, casi imprescindibles, en toda celebración religiosa. Continuaron siendo muy apreciadas en el siglo XIX, pero durante nuestro siglo parece ser que están en camino de lenta desintegración, ya que se bailan con menos frecuencia que antes y parece que su lugar va siendo, poco a poco, ocupado por otras danzas que se refieren a acontecimientos más próximos, o a asuntos de más permanente interés para la gente del pueblo.
Así pues, esta danza de los Chinelos sería un estadio en este proceso de extinción, en el que los moros se habrían conservado, más que por otra cosa, simplemente por la impresionante belleza de su atuendo.
Debemos también tener en cuenta que con la desaparición de sus enemigos los cristianos, tenía que desaparecer de esta danza todo contenido religioso, como efectivamente vemos que así es, ya que en la actualidad es una danza, dijéramos, puramente estética: un espectáculo de movimiento, sonido y color.
La música que escuchamos en este disco está tocada por la banda de música de Tepoztlán, Estado de Morelos, que acompañó a una “Comparsa del Brinco del Chinelo” compuesta por 17 bailadores: 4 niños, 8 jóvenes, 3 adultos y 2 ancianos. Todos ellos pertenecen a alguna de estas tres organizaciones que existen en el mismo pueblo: comparsa “Anáhuac”, en el barrio de Santo Domingo; comparsa “América Central”, en el barrio de la Santísima, y comparsa “Unión y Paz”, en el barrio de San Miguel.
Vestuario de los chinelos
La prenda más importante del vestuario es el tocado, que consiste en un cono truncado, invertido y rígido que, a veces, llega a tener hasta medio metro de altura. Va forrado todo de terciopelo de algún color vivo, bordado con hilos de color y lentejuela, con elementos decorativos, flores y aun animales.
Además de bordados, se adhieren usualmente al cono diferentes objetos, como muñequitos, pequeñas máscaras y, frecuentemente, espejos, todos ellos de fabricación industrial. Del borde superior del cono, el más ancho, pende a todo su derredor un fleco que, en ocasiones, va sobremontado por un festón de cuentas de “papelillo” de colores metálicos. Del borde inferior penden hilos más largos de las mismas cuentas, que cuelgan en ondas sobre la cara del bailarín. El todo va sobrementado por una cantidad variable de plumas de avestruz teñidas, como se puede apreciar en las fotografías; el conjunto tiene un carácter imponente.
A estos tocados cónicos, se les hace algunas veces un perfil curvo, lo cual les da una forma más claramente derivada del turbante, pero ello no se hace con frecuencia, porque es mucho más difícil confeccionarlos en esa forma.
La máscara tiene facciones moriscas. Su más notable peculiaridad es una larga y puntiaguda barba negra que se curva hacia arriba, de tal manera que la punta llega a quedar al nivel de la nariz. Últimamente, algunas comparsas, en vez de hacer sus máscaras con madera ligera, según la tradición, las están haciendo con tela de alambre fina, pintada en los colores adecuados. Estas máscaras son mucho más prácticas, pues proporcionan más amplia visibilidad y además mejor ventilación, lo cual es muy conveniente para los “bailadores” que, a menudo, danzan a pleno sol en tierra caliente.
La parte posterior de la cabeza va cubierta por una mascada fina y ligera, que se mete hacia abajo por el cuello del traje.
El traje, por fin, es una especie de camisón amplio y suelto, de aspecto talar, que llega hasta el suelo. Tiene mangas largas y, sobre los hombros, lleva sobrepuesto uno como cuello cuadrado o redondo, bordado con flecos o piel de conejo. Para este traje normalmente se usa terciopelo de un solo color pero, en ocasiones, se hacen con tiras anchas verticales, de colores contrastantes. Algunos danzantes llevan a la espalda un cuadrado de tela de diferente color, también con fleco o piel de conejo. Algunos trajes llevan bordados decorativos, pero esto no es común.
Como el traje llega hasta el suelo, no se usa calzado especial en esta danza.
El uso del terciopelo, los flecos y la piel de conejo, parece que es un rasgo reciente; los pocos trajes viejos que hemos visto estaban hechos con tela de algodón y las orlas eran de encaje. También parece que los tocados anteriormente eran todos de perfil curvo, más parecidos a turbantes, y que en su decoración, en vez de los objetos diversos que ahora le ponen, se usaban solamente espejos con marcos de fantasía.
Música
La comparsa de “Los Chinelos” está constituida, en esta versión, por catorce sones tradicionales que se inician con una marcha y finalizan con el son de “La Despedida”.
En estos sones predomina el compás de 6/8, en segundo término la combinación de 6/8 + 3/4 (sesquiáltera) y en último el de 2/4.
En su generalidad, la estructura de los sones es de dos frases (algunos sones tienen únicamente una sola frase de 4 compases), cada una de ellas de cuatro compases que se repiten cuantas veces sea necesario.
Esta serie de sones son ejecutados sin interrupción, siendo una nota larga de la trompeta solista, la que a manera de puente los une, iniciando a la vez los primeros compases del siguiente son.
Coreografía y pasos
En todo el desarrollo del Brinco del Chinelo, ya sea durante la procesión o cuando hacen alto en algún lugar, solamente se realizan dos tipos de pasos, como los que se indican:
Primer paso: Lo realizan dando pasos cortos y marcados, alternando los pies a tiempo de la música en compases de seis octavos.
Segundo paso: Tiene dos partes con dos compases distintos alternados en combinación sesquiáltera. En la primera parte, se efectúan dos pasos cortos a tiempo de la música en compás de seis octavos. En la segunda parte ejecutan tres pasos rápidos a un ritmo más dinámico en compás de tres cuartos.
Algunos intérpretes, resbalan ligeramente hacia atrás el pie después de dar el paso. Otros hacen una ligera torsión del pie sin despegarlo del piso; o también cambian de dirección al ejecutar los pasos.
Los movimientos que originan los pasos, caracterizan la forma del baile a base de brinco ligero, acentuado y con las piernas en tensión, lo que impone una vibración vertical del cuerpo.
La interpretación individual de los pasos define las variantes a voluntad del ejecutante, quien a su gusto agrega giros, utilizando dos o cuatro tiempos para dar vueltas a la derecha o a la izquierda, en su lugar o bien desplazándose.
Los brazos flexionados sobre el pecho, con los puños cerrados, siguen la vibración natural del cuerpo. Por su parte, los hombros con movimientos oscilatorios, se mueven de izquierda a derecha, suben o bajan, siempre al ritmo musical.
Movimiento de los pies: Los pasitos son cortos, se hacen saltando ligeramente en forma perpendicular, pero la característica principal es que no hay “muelleo” de las articulaciones de las rodillas.
Podría decirse que al estar trabajando con las piernas tensas, producen una vibración especial en todo el cuerpo.
La cadera tiene papel importante por el movimiento semicircular, que le imprimen; es un movimiento característico, y de expresión individual.
Movimiento de los brazos: Manos enguantadas, generalmente con guantes blancos de hilo. Los antebrazos flexionados hacia arriba, en su mayoría a 90° en relación con el brazo. Las manos tienen en realidad pocos movimientos.
Movimientos de hombros: Juegan un papel importante en el “Brinco”, pues es un movimiento muy sutil, elegante, ligeramente rotatorio de izquierda a derecha, paralelo al suelo. Algunos hacen, de vez en cuando, una elevación muy ligera de hombros, siempre de acuerdo con el ritmo.
Movimiento de la cabeza: Generalmente se voltea de acuerdo con el movimiento de hombros, nunca en sentido contrario.
Sones de jaripeo
En el cuarto corte de esta cara, incluimos algunos “Sones de Jaripeo”, tocados por la misma banda, pero que no son del elenco de la Danza de “Chinelos”. En la semana siguiente al Carnaval se hacen en el pueblo fiestas charras y de toros; es en ellas cuando se ejecutan estos sones.
Las cuadrillas
Antecedentes históricos
Como pasa con la mayoría de nuestro folclor, no existe documentación conocida referente a la historia de las Cuadrillas; sin embargo, en todas las regiones donde se ejecuta esta danza, existe una tradición bastante fija, muy razonable, y que, con pocas variaciones en detalle, atribuye su origen a un proceso de aculturación que se llevó a cabo durante el segundo Imperio Mexicano (1864-1867).
Durante este período se introdujeron a México, tanto un pequeño grupo de la nobleza austríaca, como un fuerte contingente de la milicia francesa y muchos otros pequeños grupos de origen europeo que, como es natural, trajeron consigo su forma propia de actividades sociales y recreativas; entre ellas los bailes de “Lanceros” y “Cuadrillas” que tenían entonces gran boga en Europa.
Estas danzas pronto pasaron de los salones de la corte y de la alta sociedad a niveles más populares. A ello contribuyeron, más que nada, las tropas francesas que, sin duda, en sus distracciones bailaban en los campamentos, quizás usando parejas buscadas entre el elemento femenino de las cercanías o como afirma una variante de la tradición, solamente entre ellos, vistiéndose algunos soldados con trajes de mujer. Esto explicaría cómo, al adoptar el pueblo mexicano estos bailes, se implantó la costumbre de que los realizaran hombres solos, lo cual, además, coincide con el ambiente general antiguo de la danza popular de espectáculo en nuestro país, pues en la mayoría de los casos los papeles femeninos eran danzados por hombres. En el caso de las Cuadrillas, como en muchos otros bailes, esta exclusividad masculina se ha ido abandonando y, desde poco tiempo después de la Revolución, ya se incluyen mujeres en el elenco. En las Cuadrillas de Totolac, se nos informa que sólo hasta 1952 empezaron a bailar mujeres.
Es muy probable que el vestuario original haya sido copia del europeo de entonces pues, según parece, los danzantes autóctonos trataban de imitar minuciosamente, quizás con intención satírica, a sus modelos europeos. Por ello usaban máscaras de tez blanca, ojos claros y abundante barba. Actualmente los trajes son variantes de modelos mexicanos normales, como se ve en nuestras ilustraciones: de charro en Los Reyes La Paz, Méx. y de indumentaria indígena en Totolac, Tlax.
En este pueblo la adopción del traje indígena es reciente, pues hasta hace poco los hombres se vestían con traje de etiqueta y chistera negra.
La máscara de hombre blanco es lo único que se ha conservado desde el principio en todas partes.
Con la música ha pasado lo mismo que con el vestuario, pues la actual ya no tiene ningún parecido con la de las cuadrillas de mediados del siglo XIX, sino que es análoga a la de danzas populares de otros tipos.
También hemos encontrado en nuestra documentación ciertas adaptaciones, dentro de una vena satírica, de giros y manierismos propios de la música francesa de salón de fin de siglo.
Esta música está compuesta por unidades que se llaman “sones”, que se tocan en secuencias programadas por el director del grupo.
Cada son está compuesto por una melodía relativamente larga, que se repite varias veces sin modificación.
Celebraciones y organización de las cuadrillas
Las Cuadrillas se danzan principalmente el día de la fiesta mayor de los pueblos, y en Carnaval. En épocas ya recientes, hará no más de unos 20 o 25 años, se han empezado a ejecutar también en fiestas cívicas.
El baile de Cuadrillas tiene amplia distribución geográfica: ocurre principalmente en los Estados de México, Puebla, Hidalgo y Tlaxcala; éste debe haber sido, aproximadamente, su ámbito original. Posteriormente se ha ido extendiendo hacia el norte de la República, donde ahora se baila en muchos lugares.
Los danzantes están organizados en sociedades más o menos cerradas, con jerarquía fija, que proveen al miembro del grupo de la enseñanza de las tradiciones coreográficas. Generalmente los músicos también son parte de la organización, aunque como es natural, fuera de las funciones a que están comprometidos con la sociedad, trabajan libremente.
Los miembros pagan cuotas moderadas, más altas los de mayor categoría, y están obligados a costearse su propio vestuario. En muchas ocasiones reciben un pago por su actuación, pero lo que se les paga es insignificante en comparación con lo que gastan como miembros de la sociedad.
Los que pertenecen a las sociedades, están en ellas sólo por amor a su arte y por el prestigio que les da en el pueblo el hecho de ser danzantes. En la mayoría de los casos los músicos reciben pagos más razonables, tanto porque su profesión es la música, como porque el tocar en las danzas no les da ningún prestigio especial.
Cuadrillas de Los Reyes
El pueblo de Los Reyes es cabecera del municipio de La Paz; está en el Estado de México, en la región de Texcoco. Tiene algo más de 32,000 habitantes, la mayoría de los cuales trabaja en alguna de las 97 industrias que hay en las cercanías. El porcentaje de agricultores es muy bajo.
El grupo de este lugar se llama “Club Folklórico Comparsas, Cuadrillas y Virginias de los Reyes la Paz”. Tiene ahora 19 miembros: 8 hombres y 11 mujeres.
Todos los hombres tienen medios de vida estables y son relativamente acomodados, de otro modo no podrían pagar su vestuario, que es muy rico, como se verá, y tiene un costo que varía de 12,000 a 15,000 pesos.
Estos danzantes bailan sólo en dos lugares: el propio Los Reyes y la inmediata población de Chimalhuacán.
La ocasión principal de sus danzas es la “fiesta grande” del pueblo, que naturalmente es el seis de enero, día de “Los Reyes Magos”. La fiesta dura del 5 al 7. En estos días hay feria y los danzantes bailan las tres noches.
La segunda ocasión es la de “Carnaval”, que se celebra en la segunda semana de cuaresma. En esta fiesta los danzantes entran en competencia con otros dos grupos, que se forman para esta oportunidad. La calificación es por votación popular y en ella se premia tanto por la mejor actuación como por el mejor vestuario.
También suelen bailar en la “fiesta chica”, o de Belén, y en las principales ocasiones cívicas como: 5 de mayo, 15 y 16 de septiembre, etc.
Según lo habíamos mencionado, el traje masculino es una variante sumamente fastuosa del traje de charro. El atuendo femenino es mucho más simple y de carácter completamente moderno, como se ve en las ilustraciones.
Las principales componentes del traje masculino son: sombrero de charro, de fieltro bordado; camisa de tipo “sport”; corbata de moño; chaquetilla, chaleco y pantalón de gabardina de color oscuro, profusamente bordados con oro y plata, con motivos florales, caballos, herraduras, venados, pavos, serpientes, etc.; cinturón de cuero bordado; pistola con su funda y botines de cuero con tacón alto. En la bolsa de la chaquetilla llevan un pañuelo bordado o de encaje. La máscara es de cera y representa un rostro caucásico, blanco, con barba más o menos abundante.
El vestido de la mujer es mucho menos vistoso y costoso que el del hombre. Se compone de: blusa con escote cuadrado sin mangas, y falda amplia que apenas llega a la rodilla: ambas prendas de terciopelo ligeramente bordado con lentejuelas de colores. Bajo la falda usan una o dos enaguas con olanes. Se completa el atuendo con botas altas blancas o negras, aretes muy llamativos de bisutería y peinado moderno.
Cuadrillas de Totolac
El pueblo de San Juan Totolac, Edo. de Tlaxcala, es cabecera de municipio. Tiene unos 7,500 habitantes, cuya gran mayoría se dedica a la agricultura en terrenos de propiedad privada o ejidales.
El grupo de danzantes de este pueblo se llama “La Camada” y la mayoría de sus miembros son, primaria o secundariamente, agricultores.
La fiesta mayor de Totolac se celebra el tercer domingo de enero; en ella se juntan: la del 2 del mismo mes, del Santo Nombre de Jesús, y la de San Juan, del 24 de junio.
Además de la danza usual de Cuadrillas, este grupo baila también la danza de “La Cinta”, en su forma clásica, en la que se entretejen listones de colores atados por un extremo a un poste y transportados por los danzantes en sus movimientos, ya que los sostienen con una mano por el otro extremo. Esta danza es muy antigua y estuvo siempre asociada con ritos de fertilidad; ya existía en la Europa precristiana. Sin embargo, es muy probable que su origen sea autóctono, pues tenemos también antecedentes prehispánicos de ella, que están bastante sólidamente documentados en los cronistas, por ejemplo en el padre Clavijero. En la actualidad se baila desde Jalisco hasta Yucatán.
El vestuario de las Cuadrillas de Totolac es una variante, muy poco ornamentada, del traje más común entre los indígenas de México.
El traje masculino consta de: sombrero de palma con el ala izquierda levantada y con 5 a 8 plumas de avestruz de diferentes colores cosidas a ella; máscara hecha con madera de ayacahuite, finamente labrada y laqueada, con facciones de hombre europeo, con ojos claros, patillas y barba corta; algunas máscaras tienen ojos con movimiento que se abren y se cierran actuados por un cordel; de la máscara hacia atrás se cubre la cabeza con una toquilla que cae sobre los hombros; camisa de popelina blanca que baja hasta las caderas, que va ceñida con una faja; alrededor del cuello y sobre la hilera de ojales al frente, lleva una tira bordada en blanco, rojo y verde sobre fondo negro; calzón largo, también de popelina, atado a la cintura, y que lleva a guisa de valenciana un bordado como el de la camisa. Calzan huaraches de cuero de estilo sureño.
Las mujeres visten un traje indígena muy normal: huipil blanco con bordados policromos; falda de tela muy ornamentada en bandas horizontales, que sólo llega hasta un poco abajo de la rodilla, calzan huaraches de tiras. El pelo lo llevan en dos trenzas con listones de colores.
Repertorio
Cara A — Chinelos de Tepoztlán
- Sones, 1a. parte — 6:44
- Sones, 2a. parte — 5:36
- Despedida — 0:57
- Sones de Vaquería — 6:47
Cara B — Cuadrillas de Los Reyes y de Totolac
- Los Pecados de Lola — 4:09
- Las Calaveras — 4:04
- Los Lanceros (Cuadrillas de Totolac) — 4:05
- La Cinta — 4:37
- Despedida — 2:44
Partituras reproducidas en el libreto
El libreto incluye ejemplos de notación musical titulados “Los Chinelos”, “Las Cintas” (San Juan Totolac, Tlax.) y “Los Lanceros”. Estos ejemplos son partituras gráficas, no reproducibles fielmente como texto corriente; pueden consultarse en las imágenes originales.
Créditos
Este disco es resultado de los trabajos realizados por el cuerpo de investigadores de FONADAN.
Etnomusicología
Coordinador: Mario Kuri-Aldana.
Felipe Ramírez Gil.
Joaquín Guzmán Luna.
Coreografía
Coordinador: Luis Felipe Obregón.
Marcelo Torreblanca.
Evelia Beristáin.
Encarnación Martínez.
Etnografía
Coordinación: Mercedes Olivera y Mariana Murguía.
Investigador consignado en el libreto: Leonardo Sevilla.
Departamento audiovisual
Coordinador: Rodolfo Velazco R.
Rubén Prado.
Fotografía: Alejandro Loranca.
Redacción y corrección de estilo: José Luis Franco.
Coordinador de la edición del disco: Joaquín Guzmán Luna.
Dirección general: Josefina Lavalle.
Fabricación: Hecho en México por CBS/Columbia Internacional, S. A., Av. 16 de Septiembre núm. 784, Naucalpan, México.
Nota de archivo: El texto de contexto procede del libreto original y conserva sus interpretaciones y referencias históricas, que deben leerse en relación con la época de publicación. Se regularizó la puntuación y se integraron los contenidos sin dividirlos por fotografía. El contenido de las partituras permanece en formato gráfico.
Lista de canciones:
Bailes y danzas de carnaval — Vol. II
FONADAN · MC-0721
Cara A — Chinelos de Tepoztlán
-
Sones, 1.ª parte — 6:44
-
Sones, 2.ª parte — 5:36
-
Despedida — 0:57
-
Sones de Vaquería — 6:47
Cara B — Cuadrillas de Los Reyes
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Los pecados de Lola — 4:09
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Las calaveras — 4:04
-
Los lanceros (Cuadrillas de Totolac) — 4:05
-
La cinta — 4:37
-
Despedida — 2:44
Créditos:
Créditos
Producción: Fondo Nacional para el Desarrollo de la Danza Popular Mexicana (FONADAN).
Etnomusicología:
-
Mario Kuri-Aldana — Coordinador.
-
Felipe Ramírez Gil.
-
Joaquín Guzmán Luna.
Coreografía:
-
Luis Felipe Obregón — Coordinador.
-
Marcelo Torreblanca.
-
Evelia Beristáin.
-
Encarnación Martínez.
Etnografía:
– Leonardo Sevilla.
Departamento Audiovisual:
-
Rodolfo Velazco R. — Coordinador.
-
Rubén Prado.
Fotografía: Alejandro Loranca.
Redacción y corrección de estilo: José Luis Franco.
Coordinación de la edición del disco: Joaquín Guzmán Luna.
Dirección general: Josefina Lavalle.
Fabricación: CBS/Columbia Internacional, S. A., Naucalpan, Estado de México.
Serie: Música de las danzas y bailes populares de México, Vol. II.
Número de catálogo: MC-0721.
